sábado, 24 de diciembre de 2016

Todo eso te daré, Dolores Redondo

Como todos los años por estas fechas, estoy delante del prestigioso Premio Planeta para hacer lo que ya es una costumbre..., cuestionar la validez de los mismos y por supuesto averiguar el significado del concepto “premio”, que a mi personalmente no me deja de “sorprender”.
Llevo media vida leyendo y esperando que estos señores de la editorial Planeta se dignen a deleitarnos con una novela digna que merezca el galardón y que superen sus ansias comerciales y su magnifico esfuerzo por lograr un éxito de venta que no deja más que insatisfacción a los que leen en este país. Sin duda cada lector es un mundo, por eso ante la pregunta de cómo es el libro, resumo diciendo que es entretenido para aquellos que están familiarizados con la escritora donostiarra; pero en el fondo prefiero ser sincera para evitar decepciones a los que regalan estos ejemplares en estas fechas tan señaladas, y boicotear así, las arcas de estos empresarios que flaco favor le hacen a sus lectores.
Dolores Redondo es la autora de “Todo eso te daré”, al haberme leído las más de seiscientas páginas, encontré la referencia al título en una frase que el diablo le dice a un mortal refiriéndose a los beneficios que obtendría si pactara con él. De manera que eso al menos me ha quedado claro. Aunque todo el mundo me ha invitado a leer “La Trilogía de Batzán”, después de esta experiencia no tengo intenciones de hacerlo, aunque sí he leído otras publicaciones de esta escritora y valoro su trayectoria literaria. Sin duda es un betseller navideño con intenciones comerciales y el respaldo de un “Premio” a estas alturas muy cuestionado. Ante esta entrada cañera lo mejor es presentaros las sinopsis y seguir con una reseña de traca que pueda compensar mi decepción annual “Planetaria”.
El escritor madrileño Manuel se entera de que su marido, Álvaro, que le había dicho que estaba en Barcelona, ha muerto en la Ribeira Sacra, en Galicia, tras un accidente de coche. Rápidamente se traslada al lugar, para identificar el cuerpo, y asistir al funeral.
Una vez allí, descubrirá que el difunto pertenecía a una familia noble, los Muñiz de Dávila, y poseía una fortuna de la que le ha nombrado único heredero. Aunque en un principio Álvaro quiere renunciar a todo, y huir del lugar, por el rechazo de su familia política, Nogueira, un guardia civil jubilado, y Lucas, sacerdote amigo de su marido, le pondrán tras la pista de que hay gato encerrado en el fallecimiento de este último.
Cuando se lee un argumento corto y sencillo, esperas una estructura ordenada y una trama bien configurada; cuando se habla de un personaje estrella, esperas que este sirva de eje central a la historia y cuando te hablan de una muerte sospechosa, piensas que el misterio está servido en bandeja de plata..., pues todos los pensamientos se me han ido al traste en las primeras páginas de la novela.
No me ha enganchado en ningún momento, el ritmo es lento y pastoso hasta ir saltando párrafos en los que no pasaba nada, la intriga brilla por su ausencia, las descripciones son excesivas y flojas, los monólogos interminables, la documentación geográfica con errores de primaria, expresiones y tópicos repetitivos, muertos cada cien páginas, final forzado, faltas de ortografía y gramática, capítulos abultados con rellenos innecesarios, reflexiones intimistas que condicionan la visión de los personajes, tramas y subtramas no justificadas en el argumento inicial, excesos de sentimentalismos y melodramas, desenlace embarullado, investigación policial infantil..., todo ello bajo el calificativo de un estilo narrativo hiperbarroco al que solo le salva el nombre de la escritora y las intenciones comerciales que avalan el premio con el que ha llegado a nosotros.
Lo que más me ha sorprendido es el hecho de que una novela esquelética que podía haber sido buena, se ha convertido intencionadamente en una novela “chicle”, se estira como si hacerla tan larga fuera un encargo, algo que le ha perjudicado enormemente, no todo vale para hacer “grande lo pequeño”; dar vueltas para contar algo simple pone en peligro el armazón del argumento y acabas perdiéndote en subtramas que sobran.
Por otro lado, Dolores ha querido abordar un abanico de temas de actualidad y ninguno lo ha hecho en profundidad, ha sido como la enumeración de un repertorio de situaciones que forman parte de nuestra realidad más inmediata; la homosexualidad, la violencia de género, los abusos infantiles, el narcotráfico gallego, los “Grandes de España”... y eso ha dejado en pañales a la historia.
La autora es muy dada a los relatos de familia y sus secretos; un clan con demasiados homosexuales para mi parecer, con enganchados a la droga, patriarca recalcitrante, hijos víctimas de colegios de curas, matriarca malvada y cuñadisimas que no pasan de puntillas..., vamos la familia española típica.
Voy terminando con los personajes, menudo desperdicio a la hora de construirlos, ninguno se sostiene por si solo, están configurados por encima, sin consistencia, difícil de empatizar con ellos y sus descripciones rozan el nivel de alumnos de la ESO; es lo peor de todo, porque en muchas novelas unos buenos personajes salvan un enmarañado argumento.
No quiero seguir hablando mal de la novela, ya digo que es entretenida para los que no tengan pretensiones más allá del disfrute del hecho de leer, pero me agota el fenómeno de los premios y la impunidad con la que se estafa al lector. Os contaré una anécdota que me ocurrió hace meses, una editorial me ofreció regalarme un ejemplar de una novela a cambio de una buena reseña en el blog, mi compromiso seria hacerlo si el libro era merecedor de ello y sobra decir que nunca me lo mandaron. Es la única explicación que hay para esas decenas de buenas opiniones de otros blogs que no coinciden con la paliza que yo acabo de dar a “Todo eso te daré”. Yo creo que por hoy ya he dado suficiente.

Llegará un día en el que nuestros recuerdos será nuestra mayor riqueza”.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Patria, Fernando Aramburu


Desde el primer día que apareció en los escaparates de las librerías, supe que lo leería y también, que sería la novela de estas Navidades; aunque no soy muy dada a las compras “obligadas” de calendario, recomiendo esta obra de arte de las letras para quedar genial ante un gran lector, es un acierto seguro.
La descubrí a la vuelta de las vacaciones de verano, finales de septiembre, me apasionan los libros de tapa blanda, eso unido a la sinopsis de su contraportada, fue más que suficiente para quedarme con la boca abierta. Hasta hace unos días no lo he podido empezar y ayer lo terminé con la sensación de haber leído una “joya literaria”.
El día en que ETA anuncia el abandono de las armas, Bittori se dirige al cementerio para contarle a la tumba de su marido el Txato, asesinado por los terroristas, que ha decidido volver a la casa donde vivieron. ¿Podrá convivir con quienes la acosaron antes y después del atentado que trastocó su vida y la de su familia? ¿Podrá saber quién fue el encapuchado que un día lluvioso mató a su marido, cuando volvía de su empresa de transportes? Por más que llegue a escondidas, la presencia de Bittori alterará la falsa tranquilidad del pueblo, sobre todo de su vecina Miren, amiga íntima en otro tiempo, y madre de Joxe Mari, un terrorista encarcelado y sospechoso de los peores temores de Bittori.
Mi primera novela de Fernando Aramburu, de manera que desconozco todo o casi todo de este escritor vasco considerado uno de los representantes más importantes de la narrativa española contemporánea; tal ha sido mi disfrute que no descarto leer algo más de él.
Yo lo simplificaría atendiendo a los dos personajes principales, y diría que es la historia de dos amigas, madres, esposas y sobre todo, mujeres... y el retrato de las vidas de los que les rodean. Existe entonces una trama principal que surge a raíz del asesinato del Txato y un repertorio de tramas secundarias a modo de tela de araña, que contribuye a tejer y dar estructura a este impresionante y valiente argumento.
Todo es un enorme puzzle de vidas, en el que cada pieza se desperdiga a raíz del atentado de ETA en el pueblo al que pertenecen ambas familias, el enfrentamiento y las consecuencias del mismo se dejaran sentir durante décadas, cada uno de los personajes representa una manera diferente de afrontar y asumir los efectos del mismo; por eso creo que la labor que Fernando ha hecho con los personajes es brutal.
No es una novela política, sí un documento humano con enormes cargas sociales y referencias al pasado de Euskadi asociado a la banda armada de ETA; al dolor, la muerte, la sin razón, el terrorismo cotidiano, el miedo, las amenazas y sin duda las emociones y experiencias de los que formaron parte irremediable de esta Historia.
El punto fuerte es la radiografía de esta realidad a partir de la disección de sus personajes, sus soledades y el ostracismo al que son condenados las víctimas. He percibido la intención del escritor de mostrarnos seres lastimados y heridos de por vida, cuyas heridas no cicatrizan ni con el paso del tiempo y de paso he reconocido la invitación a la reflexión continua ante el sufrimiento desigual de las dos familias.
Respecto a la estructura de la novela, existen narradores diferentes, mezcla del pasado y el presente repartidas a lo largo de decenas de capítulos, argumento no lineal con saltos desordenados en el tiempo, configurando lo que podríamos llamar una crónica social.
Me ha proporcionado una visión más completa de los casi cincuenta años de actividad de ETA y lo mejor es que creo que se ha alejado de juicios y partidismos como vasco y como según Fernando ha contado, la visión de quien pudo ser “uno de ellos”. No hay victimismo en su relato, hay grandes dosis de realidad, no ha pretendido hacer una novela de buenos y malos, más bien ha planteado el dilema de cómo coser lo que la violencia raja.
La amistad, juega un papel decisivo en las difíciles y duras vidas de aquellos que se han visto salpicados por un atentado y en la realidad novelada de “Patria”, nada pasa de puntilla y nadie sale indemne de algo tan impactante; de ahí que esté cargada de grandes dilemas morales.
No quiero desvelar más de estas seiscientas páginas, he disfrutado con el ambiente familiar que describe,también con ciertos momentos de humor que para mi no han tenido gracia, su capacidad para abordar un tema tan delicado y los diálogos medidos y dosificados que solo han perfilado aún más la grandeza de esta “Patria” que sin duda dará que hablar.
No quiero terminar sin añadir que siendo dura, se lee muy bien y que tal vez lo familiarizado que hemos estado con estos dramas ha facilitado su lectura, pero a la vez, me ha mostrado una cara desconocida del pueblo vasco, lo que unido a las alabanzas anteriores, no deja lugar a dudas de lo mucho que os la recomiendo. Os gustará.

Para poder ver el Arco Iris, antes has de contemplar la lluvia”.

lunes, 5 de diciembre de 2016

La Mennulara, Simonetta Agnello Hornby

Siempre que elijo un viaje, intento leer alguna novela que tenga como escenario mi destino. De casualidad y antes de iniciar dicha búsqueda, me han dejado la novela de Simonetta Agnello Hornby, cuyo nombre no deja lugar a dudas de su vinculación con el mundo italiano, en este caso la preciosa Isla de Sicilia; lugar en el que espero pasar unos días inolvidables.
Aunque su segundo apellido pueda dejar dudas, la escritora es siciliana, escribió esta novela de ficción literaria en el año 2002 y confieso que no la había oído nombrar nunca. Su trayectoria literaria la compagina con su profesión de jurista en Palermo; quizás que por esto el relato esté cargado de connotaciones sociales, sin olvidar las dosis de intriga y la carga psicológica.
Si tuviera que decir brevemente el tema del mismo, diría que es un retrato de la Italia rural de los años 60, la mezcla de tradición, costumbres y prejuicios del ambiente cerrado y opresivo de la Sicilia mafiosa de Posguerra.
El 23 de septiembre de 1963, en el pueblo siciliano de Roccacolomba, fallece la Mennulara, así llamada por haber sido en su niñez una hermosa recogedora de almendras. El resto de su vida, hasta el día mismo de su muerte, lo dedicó a servir con una lealtad rayana en lo enfermizo a los acaudalados señores Alfallipe. Pero ¿cómo se explica que con el tiempo se convirtiera en administradora de los bienes de sus amos? ¿Y por qué éstos se resisten en un principio a cumplir sus últimas voluntades? En el pueblo no tardan en desatarse los chismorreos: unos la maldicen, otros la veneran.
Quiero descubrir el significado de “Mennulara”, es el nombre que recibían las recolectoras de almendras, en la obra de Simonetta, es Rosalía la que desde niña se dedica a esta dura tarea al servicio de una familia de la aristocracia siciliana, ella y su historia de vida es el eje sobre el que pivota toda la narración. Sin llegar a ser una biografía, asistimos a idas y venidas del presente al pasado y viceversa; con este recurso la autora despliega una exposición novelada y ficticia de una mujer de orígenes humildes que alcanzó un papel relevante en una sociedad machista, mafiosa y axfisiante.
Al principio me enganchó mucho, luego el nivel de interés se rebaja, pero existe un equilibrio digno desde el principio al final. Un misterio inicial te mantiene atenta a la lectura, la presencia de la Mafia Siciliana, los estereotipos, la mezcla de romance e intrigas “pueblerinas” y otros rasgos, hacen de esta novela un homenaje a las obras clásicas. Sin duda es un cuadro o lienzo coral que retrata una sociedad tradicional que nos resulta muy familiar incluso a los que no somos de allí, pero compartimos el perfil “mediterráneo” de estas latitudes.
Me ha gustado por la sencillez de la narración, es lo que yo defino como “una historia bien contada”, que transcurre a finales de septiembre y en el espacio de una semana. Aunque resulte morboso, comenzar con un entierro genera una expectación suficiente como para leerla y saber el desenlace de esta luchadora. Puede decepcionar tanta curiosidad ante un secreto que al final resulta ser poco excepcional, pero no es razón para desecharla...
Para terminar quiero aportar el dato de su portada; es la fachada de una casa noble de Notto, una de las localidades más pintoresca y artísticas de Sicilia.

El amor a la vida es una gran evidencia, es el único refugio de la dignidad humana”.

jueves, 1 de diciembre de 2016

La Carne, Rosa Montero.

En todos los escaparates está la última novela de la madrileña Rosa Montero. Son ya muchas las lecturas de esta autora que han pasado por mis ojos y no he querido dejar atrás “La carne”, cuyas criticas me han parecido tras su lectura muy merecidas y acertadas.
Un relato corto pero intenso, doscientas cuarenta páginas para desarrollar un sencillo y escueto argumento, basado en el impacto del paso del tiempo, o lo que es igual la brevedad de la vida y el cómo nos enfrentamos a semejante reto. La intensidad emocional es innegable.
Una noche de ópera, Soledad nuestra comisaria de exposiciones, contrata los servicios de un gigoló para que le acompañe a una función y poder dar celos a un ex amante que asistirá a la misma. Aunque todo estaba calculado, un suceso inesperado altera el orden de lo previsto y lo complica todo. Es el inicio de una relación inquietante, peligrosa e impredecible. La edad de esta ocasional pareja marcará el devenir de los acontecimientos; ella tiene sesenta y él treinta y dos.”
En el primer tramo del libro, temí encontrarme con una historia parecida al Premio Planeta del año pasado; “Hombres desnudos”, pero por suerte no ha sido así. Digo suerte sin desmerecer esta novela, pero hubiera sido una pena, un “más de lo mismo”. Me ha gustado la fuerte dosis de intriga que se mantiene a lo largo del todo el relato, cuando pareces adivinar lo que pasará, el giro de la autora es asombroso, aborda múltiples temas de la vida de cualquier mortal; los miedos, las huellas del pasado, la vejez,, la muerte, el fracaso, la necesidad de amor, el rechazo social..., la urgencia de amar y ser amado.
El nombre de la protagonista, “Soledad” lo dice todo, está escogido con gran acierto; nos presenta un retrato de su vida repleto de ausencias y “soledades”, de huellas de experiencias marcadas en su piel, en su “carne”, cicatrices que no puede maquillarse y que acaban haciéndola caer en errores imperdonables.
Adam es nuestro treintañero del que se puede pensar es el gran aprovechado de la historia y sin embargo, Rosa acaba presentándolo como todo lo contrario.
Ambos son víctimas de vidas casi gemelas, tanto que les lleva a confundir sus papeles y caer en una dependencia tóxica y agónica, de la que por suerte salen bien parados.
Soledad, prepara una Exposición de “Escritores Malditos” y entre vivencia y vivencia se hace alusión a la vida de los mismos y el porqué de ese calificativo; por si fuera poco, la misma escritora se presenta como un personaje más, de breve papel, pero presente..., una pequeña licencia de nuestra autora.
Como todo lo de Rosa Montero, es intimista, te atrapa con delicadeza, no deja que lo contado se empañe por connotaciones de tristeza, todo lo contrario, es un alegato a la vida, una invitación a llegar a vivir el paso del tiempo con sencillez y dejándonos llevar, sin considerar que la vejez es la decadencia o el final.
Para animaros os diré que es “novela suspiro”, eso es lo que se tarda en leerla, una tarde acomodada en un buen sillón, a la espera de leer una catarata de emociones y sentimientos de la mano de una de las grandes narradoras de la actualidad literaria, con brevedad y limpieza, desnuda en su escritura, tal y como nos tiene acostumbrados. 
Os gustará.

La vida es un pequeño espacio de luz entre dos nostalgias: la de lo que aún no has vivido y la de lo que ya no vas a poder vivir”.

domingo, 27 de noviembre de 2016

El secreto, Donna Tartt

En esta ocasión, la recomendación ha llegado directamente de una compañera de trabajo y amiga, de manera que como en ocasiones anteriores voy a dedicarle esta reseña, me pidió que leyera la novela de la autora de “El jilguero”, y según mi humilde opinión, se lanzaría ella a la tarea de la nada despreciable cifra de ochocientas páginas..., tengo mis serias dudas de que lo haga, pero ahí va mi critica que afortunadamente coincide con la de otros lectores.
La vida no es fácil en un college de Nueva Inglaterra si eres un chico modesto y falto de afecto que llega de California, y Richard Papen lo sabe; por eso agradece que lo admitan en un pequeño grupo de cinco estudiantes capitaneados por un profesor de literatura clásica con mucho carisma y pocos escrúpulos. Los chicos sueltan comentarios en griego y se ríen de la ingenuidad y la torpeza de los demás, pero bien mirado se pasan el día bebiendo y engullendo pastillas, hasta que un mal día lo que parecían chiquilladas se convierten en asuntos donde la muerte tiene algo que decir. Es entonces cuando Richard y su pandilla descubren qué difícil es vivir sin máscaras y qué fácil es matar sin remordimientos.
Curiosamente yo me leí la anterior, y reconozco que esta señora tiene un gusto concreto por las novelas largas, puedo decir que este “Secreto a voces”, se hubiera contado con quinientas páginas menos, y no exagero. Desde el principio te cuenta un relato que yo brevemente definiría como la experiencia de un grupo de “niñatos” que lo tienen todo, malcriados, medio psicópatas, pijos desoficiados y otras perlas, que gravitan alrededor de un profesor guay, que luego desilusiona y que dan cobijo al estudiante pobre de clase inferior con la idea de formarlo en los placeres de la vida que les rodea.
El asesinato de uno de ellos y la autoría del resto, se nos presenta en el momento de abrir el libro; el “secreto” brilla por su ausencia, de manera que yo me resisto a calificarla de novela de suspense o misterio, ni policíaca..., la policía ni aparece con el protagonismo que un asunto de este calado exige; a lo más thriller psicológico, porque Donna Tartt, ahonda en las relaciones personales, reacciones y comportamientos de cada uno de estos adolescentes caprichosos y borrachos, ávidos de emociones de todo tipo.
Para mi tiene descripciones interminables, diálogos que dan vuelta sobre un mismo tema una y otra vez, personajes que se acaban cargando una trama a la que se le podía haber sacado más partido, asuntos zanjados que recupera cuando menos lo esperas, exposición de situaciones macabras que las presenta como normales pero sin justificar en el argumento...
A pesar de todo, resulta fácil de leer por la simpleza de su estructura. Diferenciaría dos partes, las cien primeras páginas donde el ritmo es aceptable y el resto, donde los personajes se desinflan al compás de la pérdida de interés por lo narrado. Es lo que llamamos “de más a menos”, cuando lo que en realidad salva una obra de este tipo es lo contrario. Sería un guión de película americana de colegio universitario de élite perfecto; aunque le faltan sobresaltos, emoción y grandes dosis de suspense.
El número de páginas no acobarda si lo escrito vale la pena, pero la conclusión es que cada uno justifica el asesinato de su compañero en función de la juventud y del entorno del que proceden o viven...”menos mal que son de buena familia”, de lo contrario estaríamos hablando de “narcos”.
No quiero cerrar la reseña sin decir algo bueno, todo libro lo tiene. Hay unos guiños muy buenos a los escritores y filósofos de la Antigüedad, el lenguaje es asequible, el narrador es uno de los personajes implicados, escrito con sencillez; tanto que yo la recomendaría como lectura juvenil, pero eso si que sería todo un reto, aunque defiendo que hay muchos lectores de poca edad que se atreven con todo; ahí queda la invitación y como siempre decir que es mi percepción del relato, no es sentencia ni tiene porque coincidir con otros que la ponen con buenas criticas. Juzgad vosotros.
Para Araceli.
Cuando nos aceptamos y perdonamos a nosotros mismos somos cada vez más libres”.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Lisario o el placer infinito de las mujeres, Antonella Cilento


Gracias a las visitas que hago a otros blogs de lectura, encuentro títulos tan sugerentes como el de “Lisario o el placer íntimo de las mujeres”, título por cierto que no me dejó indiferente. Últimamente, anuncio las lecturas en las que me embarco y curiosamente una amiga me dijo que no quedó muy contenta con esta novela de la italiana Antonella Cilento, finalista a uno de esos premios que tanto abundan en el campo de las letras. Aún así, no me desanimé y lo he leído y la verdad que me ha parecido entretenido, curioso, con sus más y sus menos, pero recomendable en líneas generales.
Nápoles, siglo XVII. Lisario Morales es una joven súbdita de noble cuna del Virreinato español. Muda desde la infancia a causa de una torpe intervención quirúrgica, lee a escondidas a Cervantes y escribe cartas a la Virgen para aliviar la soledad de su silencio. Solo es una niña cuando sus padres le proponen que se case con un anciano de aspecto repulsivo: para substraerse a la obligación, Lisario decide dormirse y no volver a despertar. Tras muchas oraciones, la familia Morales busca la ayuda de Avicente Iguelmano, un médico catalán que llega a Nápoles para reconstruir su reputación. A través de una terapia tan ilícita como secreta, Avicente cura a Lisario, a quien en agradecimiento su padre entrega como esposa. Pero el amor del joven médico va acompañado de una curiosidad sin límites y una obsesión por el misterio del voluptuoso placer femenino y su incontrolable energía liberadora.
Esto de la joven dormida a modo de boicot ante un casamiento no deseado, me ha parecido uno de los desafíos más “relajantes” y aparentes de cuantos se pueda uno imaginar; Lisario, a lo “Bella Durmiente”, decide que mejor “dormir sola que mal acompañada”, lo que no imaginaba era que el príncipe que la despertaría, no lo haría con un beso ni bajo la promesa de amor eterno, sino con oscuros y retorcidos propósitos.
Dentro de la narrativa erótica o erotismo literario, que nadie espere ninguna “Sombra de Grey” ni nada por el estilo, aquí lo pornográfico no está presente, y eso que debo confesar que no la he leído, pero me fío de las alegrías que ha dado a más de una fémina, cosa que me agrada infinitamente. La trama y el argumento de la novela es simple en su estructura, no hay misterios por descubrir, todo está explícito desde el principio y por supuesto hay escenas fuertes, “subiditas de tono” y hasta crueles llegadas al caso, de ahí que hasta el calificativo de “erótico”, sea cuestionable.
Me enganchó desde el principio la actitud valiente de Lisario, los secretos que esconde se van descubriendo poco a poco y no voy a desvelar ninguno; cada uno de ellos ayudan a perfilar una época en la cual las mujeres estaban privadas de casi todo y no solo del placer de gozar del sexo, sino de leer, escribir, conversar y ser una parte activa de una sociedad convulsa y complicada como la del siglo XVII, en un lugar de Europa situado en el virreinato español de la República de Nápoles.
Huelga decir que la ambientación tiene un alto contenido histórico y que nuestra escritora napolitana nos pasea por este marco de la mano de sus personajes, consiguiendo un retrato de la sociedad y del poder sexual femenino, gracias al pulso que esta joven “adormecida” le echa al orden establecido, tanto que llega a ponerlo en tela de juicio.
En ningún momento me he planteado abandonarla, es entretenida, irónica, con toques de humor y criticas directas; su estructura es algo desordenada, pero llama la atención la alternancia de capítulos con abundancia de diálogos y las cartas a modo de consultorio sentimental en plan monólogos, de Lisario con la Virgen María..., curioso y original. En ocasiones parece una obra de teatro, no en vano nuestra adelantada joven es seguidora de las novelas cervantinas, que junto a las ya citadas cartas, actúan de válvula de escape a sus reprimidas ambiciones impropias para una mujer de su época.
Cualquiera de las escenas de alta carga sexual y sensual, me han gustado por la naturalidad y elegancia con las que son tratadas y narradas, la única pega que le pongo, es el lenguaje rebuscado y antiguo que a veces despista y hace perder la verdadera intención de lo contado.
Antonella Cilento, no olvida el peso de la religión y los cambios que vive Europa en este siglo, le dedica un homenaje a Cervantes, hace guiños constantes a los pintores flamencos, a la cultura y a las costumbres de estos años, y lo hace a través de sus personajes que para mí han quedado un poco en “pañales”, algo superficiales y poco explotados a nivel psicológico..., pero yo no soy una experta, aunque me hubiera gustado un poco más de ellos.
La recomiendo porque a nadie le va a extrañar que en cualquier momento de la Humanidad, han existido mujeres adelantadas a su época, porque el placer no es patrimonio masculino, además de ser agradable ver como el “sexo” débil, se saca partido en la intimidad y disfruta con eso y con otros placeres como la lectura y la escritura; y porque no hay que escandalizarse de aquello que se nos muestra desprovisto de adornos y bajo el manto de la naturalidad.
No cuento nada de la historia entre el galeno y su durmiente, de sus celos y obsesiones, mejor que cada cual opine, pero como siempre yo le he dado mi particular opinión y de paso os dejo mi humilde reseña; la elección es vuestra.

Si emociona pensarlo, imagina hacerlo, sonríe..., yo te invito”.

domingo, 13 de noviembre de 2016

La caricia de Tánatos, María José Moreno

No soy yo muy dada a las trilogías por aquello de que leer la primera te obliga por así decirlo a leer las dos restantes. Este trhiller psicológico es el primer título de las tres entregas de María José Moreno, lo que ella ha denominado, “La trilogía del Mal”. Con semejantes “mimbres”, podemos tener claro como serán los “cestos”. “El poder de la sombra” y “La fuerza de Eros”, completan el desafío novelistico de esta joven autora.
Dentro del género de novela negra, aviso que mantiene una estructura circular de la resulta difícil escapar y que sin duda es la clave para mantener la tensión narrativa y la intriga del relato.
Una coincidente cadena de sucesos viene a enturbiar la rutinaria y tranquila existencia de la psicoterapeuta Mercedes Lozano. Inquietantes llamadas telefónicas anónimas y cartas; el inicio de una relación afectiva con Miguel Vergara, un psiquiatra que ejerce de médico forense, con una traumática infancia de la que no termina de desprenderse; un complicado tratamiento psicoterápico de una paciente, Marina Daroca, y la aparición en escena de un hombre que solicita su ayuda profesional y cuya mirada «hiela la sangre», ponen su vida boca abajo y la sitúan al borde del precipicio emocional.
De vez en cuando y como aficionada a este género, intercalo novelas de suspense, la tenía en reserva desde hace bastante tiempo y sin quererlo ha surgido la ocasión de leer una novela algo floja en sus inicios, pero que va creciendo a más, en ella las tramas diversas que protagonizan sus distintos actores se van entremezclando y lo hacen con bastante acierto. El tema estrella es sin duda, el maltrato psicológico y lo bien construido del argumento, con esa trama múltiple bien compuesta, resuelta y definida.
Narrada en primera persona, de manera fluida, con lenguaje asequible y una carga de diálogos continuos. No escatima en secretos y misterios, pero sin quererlo se hace todo muy predecible. María José ha realizado una personificación del mal muy acertada.
La carga psicológica del relato es innegable, nos adentra en lo más profundo y ruin del ser humano, lo perverso y despiadado, la falta de límites en la depravación. Me ha parecido duro pero entretenido, llevadero, nada que me invitara al abandono; especialmente por el trabajo tan meticuloso que realiza con los personajes, sin duda el del psicópata, se lleva la palma; el resto son profundos y complejos, cargados de luces y sombras..., el punto fuerte de la novela.
Os recomiendo su lectura por la mezcla de momentos de tensión máxima que dan paso a situaciones relajadas, que llegan a parecer libros diferentes... y eso se agradece. Para quien no lo recuerde ”Tánatos”, es la personificación de la muerte no violenta y sin duda nos recuerda a ese lugar al que nunca queremos ir y que siempre lo hacemos como visita obligada con tintes de despedida.
Espero animarme con las dos restantes, todo se verá.

Los errores se asumen, las experiencias se viven, las criticas se ignoran y la vida se disfruta”.

domingo, 6 de noviembre de 2016

La mensajera de los sueños imposibles, Nieves García Bautista

Nuevamente, una portada de lujo atrae mis ojos y claudico ante ella por muchas razones. Si yo pudiera transmitir lo que significa ese sencillo y noble medio de transporte..., pero hoy por hoy prefiero dejar pasar ese desafío y centrarme en la tarea de reseñar esta novela que me ha encandilado y ocupado un par de tardes de este repentino y esperado otoño.
Nieves García Bautista, era hasta ayer una desconocida para mi, buceando en su biografía he conocido la grata noticia de no ser este su único libro y me he propuesto, saber “Si el amor huele a chocolate”; de ser tan dulce el contenido como el título, se avecina otra tarde de “lujuria y pasión literaria”.
Ha sido un placer en toda regla leer esta novela, que a decir verdad, su relato poco tiene que ver con la imagen que lo presenta, pero es tan preciosa que no voy a poner pegas a ese insignificante detalle. Todo un mérito que tras una autopublicación, puedan llegar a nosotros el trabajo de escritores que se tienen que labrar un porvenir en la dura “jungla” del mercado de los libros.
Lo encontré en la sección de “novedades” de mi biblioteca, esa que frecuento los domingos y sin pensarlo dos veces se vino a casa, ostentando el privilegio de ser el primer lector que la paseaba..., no es importante, pero a mi me ha hecho ilusión.
¿Quién no tiene un sueño? Todos hemos albergado en nuestro corazón, alguna vez, un anhelo por cumplir. ¿Cuál es el tuyo?Marie trabaja como mensajera en el centro de Madrid y, entre paquetes y cartas, porta sueños a los destinatarios. Ella también tiene los suyos y necesita realizarlos. Esa fuerza le permite continuar en la ciudad, sin perecer entre las pesadillas que desvelan sus noches y las ausencias a las que todavía no puede decir adiós.
Seis meses atrás tuvo que huir de su pueblo natal, en Francia, pero su especial estancia en Madrid toma un giro definitivo cuando Marie fotografía una escena aparentemente intrascendente desde el ático-estudio donde vive. Esta historia comienza cuando está a punto de terminar.
Es la lectura “pegamento”,te quedas agarrada al libro hasta el final. Su estructura está dividida en tres partes y para ser sincera no de igual intensidad, la primera y la tercera, ambas ambientadas en Madrid, supera con creces a la segunda, que es la más densa y la que a poco hace peligrar el buen concepto que he otorgado al relato. Verdad es, que las tres son necesarias, pero con un poco más de fluidez hubiera estado perfecta.
Aunque Marie es la protagonista indiscutible, es una novela coral en la que hacen aparición un repertorio de personajes muy bien perfilados y con fuerza dentro del argumento. Alrededor de la vida de cada uno de ellos, se va tejiendo una tela de araña en la que todo lo que acontece está relacionado, sin dejar un solo cabo suelto en la trama.
Dividida en capítulos, con gran fluidez y ritmos cambiantes, proporciona una lectura agradable y sin edad, apta para todos los públicos, donde se mezclan las historias del pasado con el presente en el que vive nuestra portadora de “recados” y “sueños”. La narración va de menos a más, es bonita, bien contada, con acontecimientos que no escatiman en tristezas pero bien amenizados y suavizados con detalles elegantes y bien medidos. Hace alusiones a los colores de las ropas de Marie como un mecanismo de defensa ante la tristeza y aporta dosis de humor de la mano de un personaje muy entrañable Pierre, os gustará, porque gracias a él hace un tratamiento de la homosexualidad digno de una “dama”.
Mi disfrute ha venido por el hecho de leer pequeñas historias dentro de una historia general, cuyos protagonistas forman parte a su vez de la trama principal, está llena de sorpresas que algunas se intuyen, pero otras son auténticos descubrimientos de última hora, y eso mantiene el interés de un libro que habría caído en el aburrimiento al más mínimo descuido.
Todo garantizado con un vocabulario asequible y sencillo que ha contribuido a crear la atmósfera ideal. Aunque son más de quinientas páginas, que no se acobarde nadie, merecen la pena y es la adecuada entre novelas “densas” de verdad, donde es necesario descansar de misterios y asesinatos.
Por una vez le tengo que dar la razón al marketing que ha roto todos sus tópicos, cayendo en el acierto más absoluto tanto para editores como para lectores.
Me gustaría felicitar a Nieves por haber abordado en la obra todo un repertorio de temas de gran actualidad, por invitar al amor sin condiciones ni reservas, por animarnos a enfrentarnos a los secretos del pasado, a superar rencores y a conocer el amor desde diferentes perspectivas, que eso es muy enriquecedor a nivel humano.
Yo necesitaba un libro como este para pensar que alguna vez me llegará un mensaje que cumplan mis sueños, incluso los imposibles llegan a cumplirse. En su defecto y hasta entonces, ha cubierto mis expectativas con creces, bien es verdad que me ha dejado “el corazón partido”l, pero hace mucho que dejé de creer en “fueron felices y comieron perdices”, a la realidad no llega nada y en el fondo cuando estamos satisfechos con una novela queremos un final digno de la misma.
Sin duda os gustará.

Y lo bonito de esta vida es: coser sueños, bordar historias, tejer amores, enhebrar recuerdos, anudar el pasado, estrangular rencores y desatar nudos, que nos ahogan en el día a día y nos privan de una colorida manta de felicidad”.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Deshojando alcachofas, Esther Bendahan

Esther Bendahan, se asomó tímidamente en una de las estanterías de la biblioteca que acostumbro a visitar los domingos, y digo así con timidez porque yo no la había oído nombrar nunca y tampoco había leído recomendaciones en otros blogs; bueno, quizás por el hecho de buscar una lectura breve, se vino a casa conmigo y en un par de tarde he descubierto la historia de tres mujeres muy diferentes que nos narra esta escritora sefardí nacida en Tetuán con clara ascendencia judía.
Como era desconocida para mi, he buscado acerca de sus orígenes y ahora entiendo la novela un poco más; al parecer ha realizado un viaje a su pasado en un intento de bucear en sus raíces, de ahí los guiños autobiográficos que he reconocido a posteriori en la novela.
Me llamó la atención el título, yo siempre había oído que se deshojaban las margaritas y que era de lo más romántico que una imagina desde la más tierna infancia; pero una alcachofa no entraba en la imagen más ídilica y cotidiana..., ahora comprendo que es una metáfora. La vida está compuesta de capas, debemos ir quitando cada una de ellas si queremos llegar al centro, “al corazón” de nosotros mismos y eso es lo que ha pretendido Esther en este extraño y original relato.
Teli es pintora y su peculiar mirada de artista le permite percibir con claridad el reverso de las cosas; debe enfrentarse con la enfermedad de su madre y, al mismo tiempo, ayudar a su mejor amiga, Sara, a descubrir si son ciertas sus sospechas de que su marido la engaña. Daniris acaba de llegar de Santo Domingo para encontrar el rostro más cruel de una ciudad que esconde el desamor y la misteriosa desaparición de una prima suya.
Sin duda nuestra personalidad es un fuerte condicionante a la hora de escribir y en este caso no es una excepción, la impronta judía se reconoce en toda la novela, es desde esa perspectiva donde comparte con nosotros las diferencias de culturas y los puntos en comunes, sin que por ello exista obstáculo alguno para la convivencia.
Protagonismo femenino absoluto, tres figuras lo representa; madre, hija e inmigrante, y cada una de ella perfilada con elegancia y sabiduría. Lo mejor son los personajes porque a mi gusto la historia es algo floja, aunque se deja leer. Mezcla de recuerdos y vivencias actuales, añoranzas, reflexiones, juicios de valor, recriminaciones personales y necesidades urgentes de tomar decisiones.
Hay en el argumento una parte de la trama que gira alrededor de la desaparición de una joven compatriota de la protagonista extranjera, no desvelo el misterio pero resulta solo recurrente para recuperar la atención del lector que a veces como que se desinfla.
Dividida en capítulos con nombres de mujer, un guiño más a la carga femenina del relato, bien escrito, sencillo, con pasajes entrañables en los que al menos yo me he reconocido; sin duda en alguna ocasión hemos tenido que parar y atender a nuestras madres y ser lo que yo digo: “Los hij@s de convierten en padres y los padres en hij@s, y en esos momentos de relación pausada, siempre recuperamos “cosas” que nos pasaron desapercibidas o saldamos “deudas emocionales” pendientes..., momentos para sacar el máximo partido y que Esther lo hace de forma muy generosa entre madre e hija.
Poco más deciros que no es un Premio Nobel, ni falta que le hace, porque cumple con las expectativas más elementales de un libro, dar compañía, hacer volar tu imaginación y despertar sentimientos dormidos... y todo es muy particular e intransferible. Espero que guste.

En la vida ocurre todo lo que tiene que ocurrir y al final, todo encuentra su lugar”.

jueves, 20 de octubre de 2016

Cuando todo cambió, Donna Milner

Siempre me dejo llevar por portadas atrayentes,en esta ocasión la sencillez y naturalidad de “Cuando todo cambió”, me atrajo hasta volver el libro y leer su argumento; sin ser nada excitante, decidí dar una oportunidad a Donna Milner, escritora de la que no había oído hablar nunca y que tampoco aseguro volver a leer; cierto que no es suficiente para aparcar esta obra, pero sí para sopesar el repetir.
Natalie Ward es una mujer de unos cincuenta años. Vive desde que era joven en Vancouver y va a su pueblo natal, Atwood, lo mínimo posible. Y es que cuando era muy jovencita pasó algo, relacionado con un americano objetor de conciencia llamado River que se alojó en la granja de sus padres, como trabajador.
Pero su madre se está muriendo y Natalie tiene que volver. Tendrá que enfrentarse a su familia, con la que apenas guarda relación y tendrá que recordar aquellas cosas que hubiera preferido que quedaran relegadas en el rincón más oscuro de su memoria. Pero el larguísimo viaje en autobús que le lleva a Atwood le dará tiempo para eso y para mucho más.
Resumiendo mucho, nos encontramos ante una historia de familia con secretos del pasado que reaparecen en el presente; la memoria y su potencial recupera los recuerdos y remordimientos que asaltan continuamente a madre e hija a lo largo del relato. Sin duda estos dos personajes absorben el protagonismo de la novela, el de Natalie muy trabajado y el resto tratados de forma superficial. Ambientada en Canadá, con descripciones perfectas tanto del ambiente físico como del marco temporal. En los momentos referidos al pasado, la escritora nos presenta un retrato detallado de la América Hippie de los años 60, así como de los movimientos de protesta antimilitaristas que marcaron una época.
Narrada en primera persona, dividida en capítulos, bien escrita, con un lenguaje simple y cuidado. Cuando hablo de primera persona me refiero a Natalie, tras un buceo personal a lo más íntimo de sus experiencias, pasa de estar en guerra con su pasado a reconciliarse con él.
Le falta emoción y eso que desde el principio se intuye un sucio secreto, pero es muy previsible, el ritmo de la narración es lento en casi todo el argumento, llamando la atención que sin saber como, se encaja un final de forma atropellada y casi inesperadamente. Aún así es fácil de entender las emociones y sentimientos que describe la escritora canadiense en lo referente a Natalie, de ahí que me halla resultado algo sosa pero agradable de leer.
Me ha descolocado el desorden lineal de los acontecimientos, algo caótico y excesivo en las idas y venidas a través del tiempo.
Para ser sincera, me ha desilusionado un poco el final, pero se deja leer siempre y cuando nuestras pretensiones no sean excesivas. Lo mejor que tiene es su extensión, la justa para no haberla privado de mi “final”.

La edad solo la padece el cuerpo. El espíritu no tiene edad. Lo que eres hoy lo serás siempre. Lo que no eres hoy nunca lo serás”.

miércoles, 12 de octubre de 2016

Momo y Marie, Philippe Hayat

Hace ahora algo menos de un año que este libro se cruzó en mi camino, es imposible no detenerse ante una portada tan atractiva y elegante; por entonces no podía relacionarla con nada que no fuera una novela de la Segunda Guerra Mundial, y como no estaba pasando por un buen momento, la abandoné literalmente en la librería de Cáceres, donde ella se me había aparecido sin más.
No son pocas las veces que descartamos lecturas porque como se dice coloquialmente, “no está el horno para bollos”, y ese era un momento, que hablando de “hornos”, evité caer en la tentación, por eso “Momo y Marie” se quedaron atrás, pero siempre ha estado en la lista de los “pendientes” a leer. Pasado un tiempo más que prudencial, lo he buscado desesperadamente y curiosidades de la vida, de Cáceres me ha llegado, para cumplir la tarea que un día dejé inconclusa.
La he terminado en cuatro días, no me gusta decir que la he devorado, ese concepto no le hace justicia a los libros que se leen deprisa pero se disfrutan, ha sido así como la he leído, pausada y sin prisas, con una lectura ágil y generosa, de manera que no requiere esfuerzo, solamente...”dejarse llevar”. Al parecer está basada en hechos reales, el marco histórico ya lo he nombrado, el París de 1941 es la ciudad elegida para dar vida a una historia de superación y crecimiento, que tiene a dos niños como absolutos protagonistas en lo que es sin duda un relato en el que afortunadamente, el Holocausto pasa desapercibido deslizándose de puntilla por la novela, lo que es de agradecer.
Momo y Marie abandonan su piso con dos o tres cosas en un pequeño saco, casi como ladrones, dejando todo lo demás en orden, con la esperanza de volver. Es de noche aún en el París ocupado por los nazis. Sus padres han sido arrestados y ellos deben esconderse en una buhardilla y ocultar que son judíos. Bulle, la vecina de la habitación de enfrente, los acoge y, con su amor a la vida, los inspira para salir adelante. Así, por las mañanas Momo da clases a Marie, y al atardecer se sumerge en el bullicioso mercado de Les Halles donde se ofrece a ayudar a cambio de comida. A su alrededor parece que el mundo se derrumba, pero su astucia y deseo de superación lo convierten en el pequeño príncipe de Les Halles.
Philippe Hayat, es el autor de esta novela coral en la que al margen del papel estelar de Momo, aparecen una galería de personajes muy representativa de la Francia Ocupada, sin duda su ambientación la sitúa en el género de novela histórica, pero muy lejana de todos los tópicos de las obras del genocidio nazi.
Cuando el argumento gira entorno a las capacidades y destrezas de un niño de 13 años para ser un superviviente en una jungla de miseria, el alma se nos encoge al imaginar que Momo ha caído de bruces en la madurez, sin recordar si algún día gozó de niñez y lo peor de todo si llegará a la vejez. Edades de hombres que pelean en un escenario muy parisino, el Mercado de Les Halles, en esos entornos, cualquier cosa puede pasar y la novela se recrea en muchos momentos vividos por Momo de la mano de quienes le enseñan y aprovechan de su situación.
Tengo que decir que es ese tramo de la novela el que acaba siendo algo repetitivo y me obligó a saltar algunos pasajes donde “todos los días eran iguales”. A su favor defender la extraordinaria labor de documentación de esas practicas del estraperlo, frecuentes en momentos de carestía y posguerra, y que curtió a nuestro joven superviviente, llegando a depararle una suerte nefasta que abre la parte más puramente “nazi” de “Momo y Marie”.
Salvo este tirón final, muy agónico y cruel, el resto se hace llevadero. Narrada en primera persona, va contando la vida de cada uno de los personajes que tejen la trama; es una novela de “vidas anónimas” “con nombres propios” con las que estamos familiarizados por otras lecturas, lo hacen con un lenguaje sencillo y delicado, con ciertos cambios de ritmo y amenizada por diálogos que suavizan los momentos más tensos del relato.
Cualquier novela en este marco histórico, resalta los valores de la amistad, el compañerismo, la solidaridad y el compromiso para demostrar que no todos formaron parte de la misma sinrazón.
No quiero olvidar el papel de Bulle, la mujer francesa que acurrucaba a Marie y cuyo destino se intuye en el libro, a sabiendas del fin que les depararon a las colaboracionistas francesas en la Francia ocupada. Su generosidad es una lección muy bien lograda.
Prefiero no desvelar el final, es diferente pero muy realista y fue una opción obligada por los que contaban en su árbol genealógico con ascendentes judíos.
Hoy, miro la portada con esos zapatos y tras un viaje a Budapest, me acuerdo del puerto y la hilera de zapatos que permanecen allí como homenaje a los ahogados en el río, víctima de una de las prácticas más crueles de los ejércitos alemanes en las ciudades durante su dramática permanencia.
Con sinceridad quiero decir que no es la mejor que he leído de este género y que tal vez mis expectativas eran mayores, pero es muy buena y merece ser leída. Espero que os guste.

La vida es una negociación perpetua con las condiciones más duras y adversas de la realidad”.

sábado, 8 de octubre de 2016

El libro de los Baltimore, Joel Dicker

Mira que me duele tener que hacer una mala critica de un libro, de vez en cuando me suceden estas situaciones del todo difíciles de superar por mi persona..., pero como dice el refrán: “Mejor caer en gracia que ser gracioso”. Nunca mejor dicho. Desde el dos de agosto que hice la reserva en la Biblioteca, estoy esperando ansiosa el “Libro de los Baltimore” como si no hubiera un mañana, y hasta hace unos días no me avisaron de que estaba disponible, estuve tentada de comprármelo, habida cuenta de lo exigente que soy para esto de la lectura. Menos mal que no lo hice, después de Ruiz Zafón, Joel Dicker es el tío con más “gracioso” de la Literatura Universal.
Sus anteriores novelas no cuentan entre mis lecturas inolvidables, pero fueron aceptables; los cohetes, los tenía reservados para la tercera haber si por fin iba la vencida..., seguirán guardados, la decepción ha sido tan grande que solo es comparable a la espera sufrida todo el verano por una llamada que no llegaba. Aprovecho ahora que nombro la estación del verano, porque ojalá la hubiera leído tirada en la playa, casi que en la reseña habría tenido más condescendencia, pero el otoño es más implacable y no tengo margen para contemplaciones, está claro que me siento decepcionada y que vuelve a ser un misterio los éxitos de “escaparates” y portadas “repetitivas” que no contienen una “historia inolvidable”.
Hasta que tuvo lugar el Drama existían dos ramas de la familia Goldman: los Goldman de Baltimore y los Goldman de Montclair. Los Montclair, de los que forma parte Marcus Goldman, autor de La verdad sobre el caso Harry Quebert, es una familia de clase media que vive en una pequeña casa en el estado de Nueva Jersey. Los Baltimore, prósperos y a los que la suerte siempre ha sonreído, habitan una lujosa mansión en un barrio de la alta sociedad de Baltimore.
Ocho años después del Drama, Marcus Goldman pone el pasado bajo la lupa en busca de la verdad sobre el ocaso de la familia. Entre los recuerdos de su juventud revive la fascinación que sintió desde niño por los Baltimore, que encarnaban la América patricia con sus vacaciones en Miami y en los Hamptons y sus colegios elitistas. Con el paso de los años la brillante pátina de los Baltimore se desvanece al tiempo que el Drama se va perfilando. Hasta el día en el que todo cambia para siempre”.
La antesala de esta de la sinopsis es una invitación a la lectura del “Libro de los Baltimore” por el autor del mismo, Marcus Goldam, conocido y recuperado personaje de la anterior novela del joven escritor suizo. Durante algo menos de quinientas páginas, Marcus nos narra en primera persona la historia familiar de los Baltimore en clave folletinesca y televisiva, para ello pone el epicentro en un acontecimiento que tuvo lugar en el pasado y al que nombra como el “Drama”. Esta continua referencia, mantiene nuestra atención al menos en las primeras cuarenta páginas, para acabar más que saturados de la palabrita pudiendo llegar a imaginar de qué se trata.
Demasiado predecible, dos familias con secretos compartidos y un acontecimiento puntual que las destruyó. Simplista e infantil. El hilo argumental se desenvuelve en idas y venidas al pasado, se convierte en un relato de recuerdos que abarcan desde la adolescencia hasta la actualidad. No hay emociones, ni sobresaltos, los flashbacks son abundantes y tantos giros Y vaivenes temporales, acaban cansando.
Respecto a los personajes ninguno es potente e impactante, no hay a quien atribuir el peso de la historia salvo a Marcus, pero es lógico no en vano es el narrador, no se asiste a una evolución que enriquezca el relato y el hecho de remover continuamente el pasado, acabó llevándome a saltarme páginas con la necesidad de acabarlo y no dejarlo a medias..., ya sabéis que esa es mi última opción.
No puedo criticar el lenguaje por ser tan sencillo como el argumento, es ágil su lectura, en mi caso por las ganas de acabarlo y el final muy predecible y aburrido. Si alguien decide leer a Joel que lo haga y avisar que no es necesario leer las publicaciones anteriores ya que son aisladas a pesar de la coincidencia del personaje principal.
Quiero terminar como siempre hago cuando la reseña no es halagadora, diciendo que escribir es un arte muy difícil de desempeñar, que a mi no me haya llenado no quiere decir que no sea bueno; pero me da rabia de los cientos de libros bien escritos que no gozan de las oportunidades que les sobran a otros, o como en este caso son mal aprovechadas. Es una fortuna tener editoriales detrás y blogs de compañeros que adulan ciertas novelas que dejan bastante que desear en cuanto a calidad literaria, pero para gusto los colores, lo mejor es ser valiente y atreverse a leerla y así sabré si esta visión es sólo una más de mis malas elecciones. Ánimo y espero que os guste.

Así es los recuerdos nos atan al futuro, porque solo la memoria tiene la capacidad para hacerse presente y negociar con nuestro pasado”. 

lunes, 3 de octubre de 2016

El elefante desaparece, Haruki Murakami

Aunque estoy convencida que no es el autor preferido de muchos lectores, a mí no me deja de entretener la capacidad para imaginar situaciones surrealistas y esperpénticas, que tiene este japonés en edad de jubilación y con aspiraciones a un Nobel que no llega.
Murakami nos presenta un repertorio de relatos con grandes dosis de ocurrencias, misterio y exclusividad muy del estilo al que nos tiene acostumbrados; no quiero comparar otras publicaciones de este autor, que siguen estas líneas imaginativas, porque cada creación suya es un microuniverso que solo entiende él y un número de seguidores entre lo que me incluyo, no muy amplio, pero nada despreciable. Entiendo que hay que ser muy “Murakaniano” para disfrutar con estos escritos y no niego que se necesitan “dos pases” para entender y reflexionar sobre ellos, a fin de encontrar el propósito que persigue nuestro narrador nipón.
Un hombre que se obsesiona con la insólita y misteriosa desaparición del elefante de un zoo, un abogado en paro que recibe el encargo de su mujer de encontrar a su gato, una pareja de recién casados que deciden atracar un MacDonald’s en plena noche, una curiosa digresión sobre los canguros, un enano diabólico que baila, un joven empeñado en burlarse de su futuro cuñado, un pirómano confeso...
Diecisiete relatos nos presenta el autor de Tokyo Blue, en todos encontramos un denominador común, la fuerza del destino; sus protagonistas sin excepciones, esperan la intervención del azar para modificar sus vidas. Por si fuera poco, la confianza que los personajes depositan en el destino le llevan a protagonizar situaciones absurdas y descabelladas. Para ello, Murakami no escatima en utilizar un amplio abanico de temas que van desde la soledad, la confusión, el dolor, las tragedias y los valores en crisis hasta el amor y la incomprensión.
Lleva el título del último de los relatos y no puedo contar nada de ninguno, porque todos ellos son de una brevedad muy agradecida. La ventaja de este formato es que se pueden leer de forma aislada y sin orden; narrados con prosa sencilla, amena, aceptable y bastante menos imaginativos que otros que he leído. He notado que no sigue las pautas narrativas utilizadas por el japonés, es decir, creo que no todos pueden que estén escritos de un tirón, es como cuando escribes cartas y pasan años hasta que escribes otras y la forma y las expresiones son diferentes, vamos que los tiempos reales no coinciden; es posible que su publicación sí haya coincidido, pero no el momento en el que se escribieron.
Son escasamente trescientas páginas, siempre queda la oportunidad de elegir al “azar” y esperar tener tanta suerte como la que esperan encontrar los protagonistas de estos relatos sólo apto a los que hace tiempo aceptamos a Haruki como es, un escritor “fuera de lo normal”.
  "El tiempo corre hacia nosotros como una manada de búfalos y aunque no venga en estampida hay que escurrir de vez en cuando el bulto, moverse de un lado para otro para evitar que algún minuto nos atropelle".

viernes, 30 de septiembre de 2016

Tierra sin hombres, Inma Chacón

Cuando los libros de ciertos autores aterrizan en mi hogar, eso es señal de que alguien que me conoce muy bien ha encontrado motivos de sobras para hacerlo; tras media vida juntos, mi Teíto ha llegado con la última novela de la que para mí es sin duda una de las escritoras que más me hacen disfrutar de este placer que es la lectura.
Recién salido al mercado, “Tierras sin hombres” nos devuelve a Inma Chacón, hablar de ella es recordar a su gemela Dulce, la eterna “Dulce”, que no morirá nunca para los que tuvimos el honor de leerla. Con satisfacción digo, que lo he leído todo de esta pareja de “plumas” que consiguen adentrarnos en historias de sencillos personajes cargados de humanidad y contar de forma asequible vidas de otros para hacernos más llevadera las nuestras.
Dentro de la narrativa contemporánea española, la extremeña mira en esta ocasión a la lejana Galicia, la que muchos llamarían “profunda”, para hablarnos de unos personajes reales a los que envuelve deliberadamente en la ficción, pero sin alejarnos de cierta veracidad, ya que la matriarca de la familia donde suceden los hechos, existió y de ello dio buena cuenta Rosalía de Castro, a quien nuestra escritora rinde un tierno homenaje.
"Las hermanas Elisa y Sablea crecen en una pequeña aldea cercana a Ferrol, donde su madre, Rosalía, una leiteira pobre, las cría sin la ayuda de su marido. Mateo, que emigró a América para iniciar un negocio que nunca concluyó, solo le dejó a su hermano Manuel, sordo de nacimiento, que con su bondad temerosa y sencilla la ayuda a sacar sus hijas adelante. Cuando Rosalía comienza a planear la boda de su hija Elisa con Eloy, el único bachiller del pueblo, no cuenta con que Sabela se ha enamorado de él y que el guapo minero Martín tiene otros planes para Elisa”
Suficiente con esta sinopsis para no destrozar el relato. Cuando tengo noticias de la existencia de una nueva novela de Inma Chacón, no necesito saber el argumento ni la trama, simplemente me gusta como escribe y se que no me decepcionará, nunca lo ha hecho. Me preparo para encontrarme una novela “pegamento”, me adhiero a ella hasta que la termino y luego me entra una resaca emocional por haberla terminado, pero me queda la esperanza de que no será la última y siempre amparada por el universo literario a mi alcance, al cual recurro sin pensármelo dos veces. Echo de menos a su hermana, quizás por eso la busco en sus obras y la encuentro, me recuerda mucho a ella, y me trasmite paz. Cuando hablo de personajes me refiero a que la historia se desarrolla a medida que estos se presentan, crecen, cambian y acaban siendo muy diferentes a sus inicios; es un arte hacer esos con los protagonistas y creo que ahí radica la originalidad.
Ferrol se convierte en el marco de una historia matriarcal, donde los hombres son secundarios y sus ausencias una realidad aceptada. Históricamente nos lleva a la España de finales del siglo XIX, al mundo rural asfixiado por las necesidades, donde subsistir es un reto interminable y cuya solución pasa por el abandono de la “tierra”; pobreza, huidas sin retornos, supersticiones, sueños, engaños, mentiras y secretos, completan el repertorio de temas y sentimientos que aborda la escritora bajo el duro manto de la emigración, “epidemia” atemporal que no parece tener fin, aunque entonces marcharan los maridos y hoy lo hagan los hijos..., “hay cosas que no cambian fácilmente”.
En una entrevista a la autora confesaba su pesar por este fenómeno padecido por los españoles desde hace siglos y se lamentaba de tener que hablar de un homenaje a “viudas de vivos”, esperando no tener que hacer algún día otro a “madres de vivos”.
Narrada en tercera persona, con un ritmo constante y bajo una narrativa más que agradable, me atrevería a decir que es una novela para mujeres, pero eso no es propio de mí, el tema es universal, de manera que el género de los lectores no es cuestionable; lo que está claro es que el peso argumental recae en las mujeres de esta villa gallega, que la capacidad de manipulación en el destino de una buena parte de ellas, depende de una madre que dirige las vidas de sus hijas, y que es evidente que estas actitudes en determinados momentos y ambientes se convertían en modos de vida “aceptados” que no “aceptables”.
Os invito a leerla calmada y sosegadamente, a disfrutarla sin atropellos, que las prisas no permitan que os perdáis nada, aunque no lo aplicó para mí, yo siempre acabo releyéndola, de manera que casi salgo ganando. No quiero terminar sin avisaros que mientras la leía me ha venido al recuerdo obras de grandes escritores del género del realismo mágico y como no de lecturas que dejan huellas, Inma hace en sus novelas guiños a esos escritores universales y esa es otra de las muchas razones por la que la leo.
No cabe duda de lo que me ha gustado y espero que sea compartido con las que se mantienen fieles a este tipo de narraciones entrañables que nos despiertan emociones sin fechas de caducidad.

Emigrar es desaparecer para después renacer, inmigrar es renacer para no desaparecer nunca más”.

jueves, 25 de agosto de 2016

El niño en la cima de la montaña, Jhon Boyce

Desde que lo tuve delante, sufrí la llegada de imágenes que pedían paso atropellada y urgentemente con la intención de recordarme que podía ser la segunda parte del famoso “Pijama de rayas”, motivo suficiente para no dejarlo atrás y caer con fidelidad ante su “encanto”. En ocasiones la memoria tiene fisuras por las que se escapan lo esencial de ciertos acontecimientos de mi vida; este es uno de ellos..., cierto que sin querer se mezcló ese libro y hasta el viaje a Londres que sirvió para leerlo, pero igualmente refresqué mis impresiones de entonces y recuerdo que en la página 10 más o menos, supe el final de la novela y lo hice con rabia ya que no tenía más lecturas en español y quedaba condenada a privarme de lo que más me gusta hacer y especialmente cuando viajo.
No creáis que este rollo no tiene sentido, lo tiene. Con resquemor decidí dar una nueva oportunidad a Jhon Boyne, es un gran escritor, y con una buena corazonada lo saqué de la biblioteca, hoy me arrepiento de no haberlo comprado, me ha gustado bastante más que el anterior y confirmo que las comparaciones ni son buenas ni provechosas.
De padre alemán y madre francesa, Pierrot ha tenido una infancia no muy distinta de la de cualquier niño de su época. Sin embargo, nos hallamos en París, corre el año 1935 y la guerra que se avecina trastocará el destino de millones de personas. Tras la muerte prematura de sus padres, Pierrot deberá separarse de su íntimo amigo Anshel y abandonar Francia para vivir con su tía Beatrix, que trabaja de ama de llaves en una mansión imponente erigida en lo alto de una montaña. Pero no es una casa cualquiera; se trata nada menos que del Berghof, la enorme residencia que Adolf Hitler posee en los Alpes de Baviera.
Así, a sus siete años, alojado de manera involuntaria en el entorno íntimo del todopoderoso Führer, Pierrot se verá inmerso en un mundo tan extrañamente seductor como peligroso. En él no hay lugar para la inocencia, y cuando al final de la guerra es capturado por los aliados, Pieter —como ahora se llama— llevará un peso insoportable en su conciencia. A su regreso a París, abrumado por la culpa, un aspecto clave de la historia surgirá como una tabla de salvación, y el inesperado desenlace será una muestra más de la insondable dimensión del perdón y la amistad.
Al principio de mis reseñas en el blog, era enemiga de poner la sinopsis, hoy a petición de mis fieles seguidores, es algo que hago ya por sistema y parece que no va mal. Leída la misma, la verdad que promete..., yo la he entendido como una fábula de un niño en tiempos de guerra y por supuesto una invitación a la reflexión acerca de lo peor y lo mejor que inevitablemente está en la naturaleza humana.
Sin duda la trama es interesante y atrayente y hay que aplaudir que su autor lo haga en escasas doscientas cincuenta páginas, lo que demuestra su capacidad para contar mucho en poco espacio. En un contexto histórico como el de la Segunda Guerra Mundial, París 1935, no hace al conflicto y sus efectos el protagonista de esta novela, lo desvía hacia el impacto de “la llamada del poder”, algo a lo que es difícil resistirse desde que la Humanidad hizo acto de presencia. Es esa seducción del mal y el peso de la conciencia lo que domina el relato en su totalidad.
Escrito en tercera persona, narración muy ágil, mezcla de ficción y realidad en lo que a personajes y hechos se refiere, ambientación de lujo, de estilo sencillo y asequible; tanto que la recomendaría como lectura juvenil ya que a veces la manera de presentar los hechos roza el modo “cuento”; sin duda para descargar de crueldad lo que se puede leer entrelíneas.
No quiero engañar a los lectores y que piensen que los horrores de la guerra no hacen acto de presencia, sólo digo que maquillados si se compara con otras novelas de este escalofriante episodio de la Historia.
Sin duda la potencia la asume Pierrot, personaje que evoluciona hasta el final de sus días, donde se verá preso y víctima de la culpa, la conciencia y la necesidad del perdón. Es curioso que el autor ni lo demoniza ni lo justifica, ni siquiera le otorga carga de sentimentalismo para que podamos ser capaces de juzgarlo por nosotros mismos.
Evito desvelar detalles interesantes acerca de la política nazi, del Führer, de su crueldad para las juventudes que le rodearon y por supuesto de los proyectos que reservaba a sus semejantes. Es una parte necesaria en la novela.
Me ha gustado su estructura en tres partes muy bien definidas y la división en capítulos, ninguno denso, algo muy de aplaudir para lecturas como esta. Lo recomiendo mucho, es bueno sin comparaciones, refuerza la idea de que nadie está a salvo de ser vulnerables si la vida te lo pone muy pero que muy “jodido”. Siento la expresión pero es así de duro.
El hombre es un superviviente de su propia vida”.