jueves, 20 de marzo de 2014

La bibliotecaria de Auschwitz, Antonio G. Iturbe

Cuando apareció este título delante mía me recordó a un compañero de trabajo que tenía entre manos la lectura de una novela única y en cuya critica positiva coincidimos al detalle; era “La ladrona de libros” y Pecero como cariñosamente le llamo por su apellido, es ese compi que espero haya terminado de leerla a juzgar por lo mucho que estaba disfrutando de ella. Nada tienen que ver ambas historias lo que las hace común es la ambientación histórica y el personaje protagonista que vuelve a ser interpretado por una niña que sobrevive en la terrible realidad del Holocausto Nazi.
La Bibliotecaria de Auschwitz está basada en hechos reales, en la experiencia vivida por Dita Kraus una niña que pasó parte de su infancia en uno de los grandes infiernos de la humanidad durante la contienda de la Segunda Guerra Mundial. Muy a mi pesar debo advertir que en este caso si puedo afirmar desde mi punto de vista de lectora que nos encontramos ante una novela más de campos de concentración, de sufrimientos extremos, de historias de supervivencias, de barbarie y deshumanización que tanto hemos leídos en relatos concernientes al destino de los judíos y presos de toda condición que acabaron en esos reductos “olvidados por dios”.
Dita Dorachova que es el nombre con el que también aparece en la novela llega a Auschwitz y es destinada al barracón escuela dirigido por Fredy Hirsch, quien en un arrebato de valentía ha propuesto la creación de una pequeña escuela para tener entretenidos a los niños del campo de concentración con la finalidad de que estos no sean un estorbo para los soldados en su rutina diaria. Bajo este argumento un pequeño “oasis” nace entre tanta desgracia con el objetivo de seguir impartiendo cultura bajo la estricta mirada de aquellos que sostienen sus destinos. El papel de Dita será cuidar del tesoro de esa pequeña isla, ocho libros que la convierten en la bibliotecaria de la biblioteca más pequeña del mundo.
Sin desvelar más la trama, la niña representa a lo largo de su reclusión todo un ejemplo de supervivencia física, moral y espiritual. La novela a lo largo de sus casi quinientas páginas es un repertorio de relaciones personales nacidas entre todos los que comparten ese angustioso y devastador drama, junto a aquellos que sin ser parte de él obedecen a sus mandos y sin olvidar a los que hacen la resistencia en la clandestinidad. Un cóctel al que le falta mencionar la escalofriante figura del doctor Josef Mengele cuyo papel es detallado por el autor en pasajes que resultan cruelmente descritos y en ocasiones difíciles de terminar.
Definitivamente es la crónica histórica, dura e implacable de la vida de Dita y de quienes formaron parte de su ennegrecido universo; su impacto es tal que como todas estas narraciones provoca la sacudida de sentimientos y agita emociones en un intento de comprender la sin razón de uno de los momentos más irracionales de la humanidad.
Como critica negativa decir que le sobran muchas páginas pues tienes la sensación de convertirse en repetitiva en determinados momentos; el ritmo se hace muy lento y casi intuyes las acciones que están por venir, resulta un poco novelesca para saber que es real, tal vez todo consecuencia de la profusión de novelas acerca del exterminio judío. Me ha recordado en muchos pasajes a la película “La vida es bella” y otras de argumentos similares, lo que no hay que dejar de reconocer es que es un retrato de la esperanza entre la muerte. Muy bien documentada, narrada en tercera persona con ciertos guiños de humor que hacen relajarte entre tanto corazón entallado y con un final acertado, algo que hay que agradecer al escritor como recompensa tras semejante desafío como lector.
La novela termina con datos acerca del destino de los personajes principales una vez finaliza la guerra. Aunque parezca una más de entre tantas de este género, es asequible, sencilla, conmovedora y por muchas que se lean jamás seremos capaces de conocer el alcance del horror de quienes tuvieron la desgracia de vivirlo.
En el libro se repetía una frase que motivaba a seguir con la proeza de mantener ese pequeño mundo de cultura.

Abrir un libro es como subirse a un tren que te lleva de vacaciones. Es abrir una ventana a la libertad”.

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