viernes, 9 de marzo de 2012

La tienda de paraguas, Elin Hilderbrand

Que portada tan cálida y sencilla, la verdad es que se podría tratar de una mesita y jarrón de IKEA con fondo marino estrellita de mar incluida... El título me llamó la atención más que la portada y en especial por la poca relación que ambos detalles tenían; el caso es que en un viaje a Madrid me traje en mi libreta donde todo lo apunto la propuesta de esta novela que me provocó cierta curiosidad y que no me arrepiento de haberla leído.
Su autora es de nombre Elin y de apellido algo alemán y complejo, pero a la hora de narrar esa complicación se disipa y nos presenta una novela de gran sencillez para disfrutar un par de días de una lectura que te provoca sensibilidad y grandes dosis de gratitud para quien te ha logrado arrancar alguna que otra lagrimita incontrolada...
Para narrar la novela la autora se vale de un marco reducido en todos los aspectos; una isla, veinticuatro horas y el ambiente gastronómico de fondo; contada en tercera persona, la protagonista relata episodios de su vida entre el pasado y el presente, enlazando recuerdos que han marcado toda su existencia. Podríamos decir que es una obra para mujeres, pero en total son seis los personajes y el reparto es equilibrado, tres hombres y tres mujeres consiguen dar sentido a toda la narración.
En muchas ocasiones los reencuentros se convierten en oportunidades para destapar verdades encerradas, ocasiones para curar heridas que no han cicatrizado, momentos para detener escapadas eternas, intentos para limpiar el alma y asumir errores no reconocidos; todo ello refleja el peso de los recuerdos y la marca de lo que un día fue traumático y los recursos para superarlo tras años de silencio impuesto en el sentido más literal de la palabra. Historia de sentimientos donde afloran valores humanos negativos y positivos; la amistad,el amor, el rechazo, la incomprensión, lazos de afectos, historias pendientes, el conflicto de la existencia, la culpabilidad, los intentos por reparar daños no buscados. La autora recurre a personajes que encarnan dichos valores con tal calidad que acaban siendo inolvidables, siempre bien delimitados por sus acciones y con un carácter que les ayuda a dar cuerpo a la narración.
El resultado es una historia creíble; para algunos lectores es posible que les parezca algo empalagosa, poco profunda, pero las pretensiones ante ella debe aparcarse en el disfrute del rato literario , intimista y recogido en un espacio que no abarque el tamaño de un paraguas...”que todo lo para”.

Todo en esta vida es temporal así que, si las cosas van bien hay que disfrutarlas porque no durarán eternamente; y si por el contrario van mal, no hay que preocuparse, no van a durar eternamente”.