lunes, 12 de mayo de 2008

Sauce ciego, mujer dormida, Haruki Murakami

Hace ya unos años que descubrí la literatura japonesa de la mano de un autor que de no habérmelo recomendado una amiga jamás hubiera reparado en él. Haruki Murakami es uno de los escritores japoneses más leídos por el mundo occidental. No fue la primera novela que cayó en mis manos, pero sí la que me acompañó de viaje a Madrid en un trayecto algo delicado con billete de ida y en esos momentos sin saber nada de la vuelta. De hecho me lo regaló Teíto como tantos otros y gracias a lo mucho que me conoce acertó, porque aunque parece que no me escucha, no es así, reparó en comentarios que hice acerca de lo original del planteamiento literario de este autor y de cuanto me habían gustado novelas anteriores; de manera que en un paseíto por los alrededores de “Puerta de Hierro”, compró lo que más ilusión me haría... y lo logró.
No puedo desvelar el misterio del título ni de la fotografía, es cierto que un enorme sauce se refleja en el río junto a la figura de una mujer caminando, de manera que dormida no está, quien sabe la intención del autor ante tan contrariada elección. Lo que no se puede negar en Murakami es que todos sus títulos siguen las mismas pautas; o bien son la antesala de la historia que contará, o por el contrario no tienen absolutamente relación alguna con lo que más tarde aparece en el interior y de tan complicados que resultan dichos títulos, acabas haciéndote una chuleta para recordarlos.
Veinticuatro cuentos o relatos cortos con sus títulos incluidos se desarrollan a lo largo de las páginas de esta creación que abarca historias en ambientes que van desde la más clara sencillez hasta la más absurda irrealidad, desde la imaginación sin límites hasta lo cotidiano; todo ello en una perfecta mezcla que sumerge al lector en un estado de sueño y realidad difícil de distinguir y con la que se acaba disfrutando. No deja de sorprender lo mucho que historias originales sirven de ayuda en momentos vulgares. Los temas del autor son recurrentes y suenan de otras novelas; la soledad, el dolor, el amor, la amargura, el sentido de la vida,la necesidad y búsqueda de afecto, pero en esta ocasión los aisla y personifica en todo tipo de elementos que cobran vida o realizan tareas y acciones humanas, como la palabra en los animales, creando seres inolvidables y en ocasiones sólo aptos para el mundo de los sueños.
No suele gustar a todos los lectores relatos surrealistas, oníricos, cargados de ironía y poco creíbles... pero rompe la monotonía de lo que estamos acostumbrados a leer y el factor sorpresa y la risita sarcástica nos sale sola tras la lectura de la mayor parte de los cuentos. Muchos de ellos han sido finalizados con una generosidad hacia el lector ya que son abiertos y otros haciendo gala de su carácter controvertido, los presenta herméticamente cerrados, para garantizarse la paternidad de los mismos desde el principio al fin.
Lo tengo dedicado pensando en mí, para mí, con cariño, un día en el que miraba un “llorón” tras los cristales de mi ventana, cuando me encontraba muy, pero que muy despierta, por alguien tan especial que logró hacerme feliz con semejante repertorio de imaginación... Compré el billete de vuelta.

La Paciencia es la capacidad de resistir y conllevar las adversidades con valor, resignación y sin quejarse. Aceptando nuestro presente, esperamos expectantes aquello que en ocasiones tarda tanto en llegar”.