viernes, 25 de abril de 2008

Chiquita, Antonio Orlando Rodríguez

Hace unos días en el recorrido de una manifestación, delante de mí caminaba a mi "altura" pero con cierto esfuerzo, un hombre de una estatura que no puedo calcular pero que me recordó a “Chiquita” y entonces me hice una idea real del tamaño del personaje que da nombre a esta novela que leí hace ya unos años y que no quiero dejar de recomendar por múltiples razones.
Espiridiona era su nombre, dicen que era diminuta, hay fotos reales de ella, de origen cubano, aventurera, transgresora, desafiante, descarada, seductora y al parecer con un bagaje de experiencia vividas que ya nos gustaría a más de uno tener al término de nuestras vidas.
Te atrapa desde el principio, se sale de todo lo habitual porque la narración juega con los datos biográficos y las aventuras y desventuras de la protagonista  en un devenir constante de anécdotas y peripecias difíciles de creer por el lector.
Llegó a mis manos como regalo de Teíto, estaba pasando por duros momentos de salud y recuerdo que en la dedicatoria que yo misma escribí ponía: “Es muy duro sentirse tan “Chiquita” y dependiente y esperar que te ayuden a todo”... me sentía como ella “Pequeñita”... Me gustó enormemente la biografía de Espiridiona porque entendí que era un relato de superación, de lucha ante las diferencias, de hacer de la crueldad de los demás un mecanismo de defensa para vivir, de un despliegue de armas y recursos perfectamente utilizados para llegar a la fama que te ceden generosamente aquellos que se quedaban prendados de las “rarezas humanas”.
Desprende humor, garantiza el factor sorpresa, mezcla de realidad y fantasía, ingenio y picaresca; es muy entretenida y de fácil lectura, pero te hace reflexionar brutalmente sobre los comportamientos humanos y el descaro o recreo con el que contemplamos aquello que nos llama la atención por el hecho de ser en este caso “Chiquitito”.
Inicié el comentario con lo mucho que me llamó la atención el manifestante que iba a mi lado y en el fondo sentí... mejor no lo digo y además fui testigo de las miradas y comentarios de todo el que pasaba o coincidía a su lado.
Por eso no quiero dejar pasar la oportunidad de recomendar el libro al que sin duda alguna le supe sacar muchas enseñanzas, aprendí valores expresados “entre líneas”, es muy ameno pero a la vez tremendamente duro por la mezcla de crueldad y encanto, es una llamada de atención a los comportamientos humanos que no estaría de más ir “puliendo”; porque como el autor dice en una frase del libro: “La Grandeza no Sabe de Tamaños”.
Sin duda os gustará.

Para ser grande primero tienes que aprender a ser humilde, a ser pequeño... la humildad es la base de toda verdadera grandeza”.