martes, 6 de marzo de 2018

Un amor, Alejandro Palomas



Sin duda, Alejandro Palomas es uno de los autores que más me han hecho disfrutar en los últimos años, por eso puedo adelantaros que si es desconocido para vosotros os gustará. Hace unas semanas, una amiga que suele bucear en mi Facebook me recomendó su lectura y curiosamente ya la había leído; para “la maestra Gema” va esta humilde reseña en la que seguro estaremos de acuerdo.
“En el reducido universo familiar de Amalia y sus tres hijos, Silvia, Emma y Fer, el engranaje se mueve al ritmo desacompasado de las emociones. Es una familia típica, y sobre todo, muy real. Un cosmos cocido al fuego lento de varias entregas que han atado a miles de lectores. Pero llega un día cumbre en sus vidas. Emma se va a casar y todos se sumergen en las tareas y los remolinos de organizar la mejor boda. La noche previa a la ceremonia, una llamada rompe la armonía familiar. Silvia, Emma, Fer y otros parientes se conjuran para poder celebrar a la vez el aniversario de Amalia, que coincide inevitablemente con la fecha de la boda. 24 horas de acelerón emocional que pondrán a prueba a todos y cada uno y al mismo engranaje familiar”.
A simple vista, el argumento es de una sencillez aplastante, incluso podíamos llegar a pensar en un encuentro familiar en el que se ajustarán viejas deudas, donde las chispas van a saltar por los aires, los reproches se sucederán sin freno, las reconciliaciones harán acto de presencia y las dudas sobre el éxito o el fracaso del evento, nos van a mantener en vilo hasta la última página. Bueno, en realidad un poco de todo eso hay, pero la manera en la que este filólogo catalán aborda el concepto de familia es tan especial, que acaba por sorprendernos gratamente apareciendo el “Palomas” de siempre.
La familia de Amalia ya es conocida de los lectores, sus dos novelas anteriores, “Una madre” y “Un perro”, completan junto a “Un amor”, lo que podría ser la trilogía de una de las estirpes más cotidianas y a la vez originales de cuantas hayamos oído hablar. Son los mismos personajes, la misma matriarca, idéntico esquema narrativo y comparte el “Universo familiar” al que se hace mención arriba, aunque lo mejor de todo es su independencia como relato, ya que pueden ser leídos desordenadamente, pero lo suyo es seguir el orden en el que Alejandro nos lo ha hecho llegar.
Si tuviera que vender la novela os diría que es la historia de un reencuentro entre los miembros de la familia de Amalia y sus seres más allegados, que les motiva a ello la celebración de dos grandes acontecimientos, un aniversario de cumpleaños y un enlace matrimonial, que la narración está presidida por un cóctel de emociones, sentimientos, y “amores” en todas las versiones conocidas, haciendo de estas veinticuatro horas un relato inolvidable. Sus personajes están construidos sin jerarquía ninguna, sin destacar los unos sobre los otros, asumiendo Fer el papel de narrador del evento, pero por el simple hecho de ser alguien quien nos haga llegar lo acontecido. Cada uno de ellos sufre una evolución que enriquece esta labor de “actores” en un mundo familiar de vidas corrientes como la de cualquier “hijo de vecino”, con luces y sombras, alegrías y desgracias…, lo normal en el día a día.
Las más de cuatrocientas cincuenta páginas de la novela, se pasan volando gracias a los diálogos ocurrentes y divertidos que rozan lo surrealista, y que maquillan los pasajes de tristeza que sin lugar a dudas tienen un hueco en estas situaciones cotidianas. No es Alejandro Palomas un autor que destaque porque en sus obras pasan grandes “cosas”, más bien lo contrario, nos hace llegar hechos  “familiares” a todos los mortales, algunos inesperados y otros corrientes, pero todos quedan huellas en nuestra trayectoria vital, algo común a la “Familia de Palomas”.
Esta mezcla de humanidad, sencillez, lecciones de vida, valores y aplausos al sacrificio que nos ha regalado el autor, es lo que me ha “enamorado” una vez más de él. Habla de soledad, de la confianza, de la vejez, del paso del tiempo, de cómo enfrentarse a lo inesperado, de la enfermedad, de la generosidad colectiva, de la amistad, de la mentira y sus consecuencias y de la vida; y lo hace ayudado de un lenguaje asequible y una elegancia al más puro estilo “Palomas”, atreviéndose a poner el foco de atención no solo en las alegrías sino en el sufrimiento de toda nuestra existencia, haciéndonos reflexionar acerca de la idea de que somos lo que recordamos, lo bueno y lo malo y que a la hora de la avalancha de emociones, los recuerdos no saben de “selección”, todo en su “universo” cuenta.
Os la recomiendo y aviso de que su final supone un arañazo en el corazón, pero inevitable asumir que lo que comienza siempre acaba terminando. Precioso alegato a la Humanidad el de nuestro escritor, por una vez desde mi humilde juicio, merecedor del Premio Nadal 2018, aunque esto de los premios no es relevante.
“La vida no es lo que es, sino lo que sentimos al recordarla”.

jueves, 1 de marzo de 2018

La oficina de estanques y jardines, Didier Decoin



No es la primera vez que me dejo atrapar por una portada que “quita el sentido”, y es que precisamente la historia de Didier Decoin, va mucho de sentidos y evocaciones preciosistas de los ambientes orientales, aunque en este caso no sea un escritor japonés quien nos hace llegar esta novela mezcla de aventuras, amor incondicional y viaje físico y espiritual de la valiente y abnegada Miyuki.
“Japón, año 1100. Al borde del río Kusagawa hay una pequeña aldea conocida más allá de sus fronteras por ser la encargada de surtir los estanques de la ciudad imperial de las carpas más hermosas. Pero este año el diestro pescador que lleva a cabo tal tarea ha muerto, y su joven viuda es la única que tal vez podría reemplazarlo. Así, reclutada por el director de la Oficina de Estanques y Jardines, y cargando sobre sus frágiles hombros una pértiga de la que cuelgan los cestos donde rebullen los peces, Miyuki emprende un largo viaje en el que deberá afrontar amenazas y monstruos -humanos y acuáticos-, y demorarse en posadas de té en las que no se vende precisamente té. Una vez en la corte imperial, con la misma inocencia con la que ha conocido el sexo y el engaño, y vestida con doce kimonos de seda, será la insospechada protagonista del concurso anual de perfumes convocado por el emperador con el tema de ,una doncella cruzando un puente luna entre dos neblinas”.
Lo encontré en la biblioteca que habitualmente frecuento, la sinopsis era diferente y el marco histórico me trasladaba al Japón milenario del siglo XI, suficiente para darle una oportunidad y en líneas generales me alegro de haberlo hecho.
Puedo contaros, que es una historia en la que el protagonista principal es sin duda el “amor” que trasmite la heroína de lo que podría ser un cuento repleto de elementos orientales, que retratan a un Japón humilde frente al imperial con las diferencias que ambos mundos suponen. Miyuki, asume como viuda el relevo de un mundo exclusivo de hombres, y lo hace acompañada por el espíritu de su esposo en lo que será la odisea y el desafío más grande de su hasta ahora humilde existencia.
La trama es muy simple y fácil de seguir, buen ritmo, cargado de curiosidades, buenas dosis de sensualidad y pasajes eróticos elegantemente tratados, documentación perfecta pero algo occidentalizada y el lenguaje aunque asequible, cuenta con la complicación de los innumerables términos en japonés, solo comparable a la cantidad desmedida de aclaraciones que resultan excesivas y difíciles de seguir.
Sin duda es una alegoría del duelo, un homenaje al esfuerzo y al coraje demostrado en los momentos más extremos de la vida, un tributo al amor y a la importancia de la comunión entre esposos que perdura más allá de la muerte, con un mensaje alentador de mirar siempre hacia adelante.
A pesar de la reseña buena y recomendar la lectura de este periplo que arranca del mundo más humilde a la grandeza más extrema; en general la historia es cuanto menos poco creíble, de ahí mi parecer como relato ancestral y cultural del Japón medieval rozando la estructura de un cuento, siendo poco realista pensar en una viuda que recorre distancias plagadas de peligros haciendo equilibrios con cestos cargados de carpas saltarinas, y que todas lleguen intactas a su destino. Esta apreciación y un final que flojea, es de los pocos “peros” que le puedo poner a una narración que será muy del gusto de los amantes de lo “oriental”. Espero que disfrutéis de este paseo por la cultura japonesa.
“La vida no cuenta los pasos que has dado, ni los zapatos que has usado… sino las huellas que has dejado”.

sábado, 24 de febrero de 2018

Sobre Grace, Anthony Doerr


Existen momentos en los que ni yo misma sé las motivaciones que me llevan a elegir ciertas lecturas. Muchas de estas elecciones, vienen determinadas por el hecho repetitivo, de topar una y otra vez con ejemplares que se cruzan a todas horas en escaparates, estanterías y centros comerciales; y a fuerza de mirar esa extraña e injustificada presencia, llegas a sentir la obligación de frenar un buen día y acabar con un proceso de desplante que tarde o temprano debía tocar a su fin. Vamos que me lo encontraba allí donde menos pensaba y es la única razón por la que sucumbí a su lectura. Por lo demás, francamente es el típico libro que o gusta a rabiar o por el contrario no te deja ganas de volver a leer nada del mismo autor.
“Desde su niñez en Alaska, David Winkler ha vivido obsesionado por la nieve. Además, David tiene un don: a veces puede ver cosas antes de que ocurran. Sus premoniciones le permiten saber que un vecino será atropellado por el autobús o que se enamorará de una mujer en un supermercado. Pero cuando David sueña que su hija se va a ahogar en una inundación sin que él pueda salvarla, toda su vida se desmorona. Huir de su familia, de su casa y de su propio futuro parece el único modo de negar el sueño que lo atormenta.
Solo, sin medios y sin saber si su hija ha sobrevivido o si su mujer ha conseguido perdonarlo, David tendrá que comenzar una nueva vida. Hasta el día en que deba enfrentarse a la decisión de buscar a las personas que dejó atrás”.
Anthony Doerr, saltó al mundo literario con “La luz que no puedes ver”, sobra aclarar que no la he leído y que lo más probable es que no lo haga. Para ser honestos, he de decir que he tenido que entrar en otros blogs para saber si las impresiones acerca de esta novela, era algo exclusivo mío o existían otros lectores con las misma visión que yo. Ha sido lo peor que he podido hacer, salvo excepciones, a todo el mundo le ha parecido una genialidad la forma de escribir de este ganador del Premio Pulitzer, todo un mérito en el campo de la literatura contemporánea.
La sinopsis es de un enganche incuestionable, despierta curiosidad y te atrapa con fuerza. La trama está centrada alrededor de un personaje principal que por suerte se ha construido con acierto y bastante bien definido; ahora bien, el argumento se mueve en unas idas y venidas constantes en el tiempo y en el espacio que provocan confusión a lo largo de toda la historia, con cambios bruscos de ritmo, demasiados rellenos en la narración y escenas que se alargan de manera interminable; esos y otros detalles hacen de una trama interesante un relato repetitivo y en muchos capítulos aburrido y carente de algo que hiciera a “Sobre Grace” algo especial. Resulta muy difícil diferenciar los momentos en los que el personaje se refiere a sus sueños y los que realmente pertenecen a la realidad. Demasiada irregularidad en el ritmo que acaba siendo lento ya desde antes de su mitad.
Aún así, es de agradecer que la trama aparezca dividida en tres partes relacionadas con las vivencias del protagonista, de no haber sido así, las seiscientas páginas se habrían hecho insufribles, y eso que acabarlas ha sido todo un desafío. Demasiadas divagaciones, recuerdos, tecnicismos y descripciones ponen en peligro la esencia de la novela, que sin duda goza de buena ambientación y paisajes bien logrados. Para terminar mi repertorio de quejas, he echado de menos personajes secundarios potentes, esos que otorgan equilibrio a una historia con buen hilo argumental y que acaba maquillando otros defectos evidentes.
Debo de ser algo “especialita” porque ya digo que en los blogs aparecen reseñas que nada tienen que ver con la mía, pero es lo grande de la lectura, que cada uno disfrute y perciba sensaciones diferentes y no por ello, mejores ni peores. La terminé y la recomiendo, entre otras razones por el enorme respeto que le tengo a los que ejercen la ardua tarea de escribir; pero reitero que no es la novela inolvidable y que me confirma que la etiqueta de los premios no es garantía de calidad. Espero que os guste.
“Nacimos para cometer errores, no para parecer personas perfectas”.

martes, 20 de febrero de 2018

Las caras del tigre, Alfonso Mateo Sagasta


Curiosa portada con aires de modernidad que bien podía responder al dicho de “una imagen vale más que mil palabras. El hombre, en este caso la mujer y el mono, de fondo la ciudad, los grandes edificios testigos de la “evolución” y transformación social y económica de nuestra especie. Lo encontré hace meses en la biblioteca, pude leer la sinopsis bastante morbosa y trágica y sin adivinar el tema que escondía, me sumergí en sus páginas de las que he sacado una impresión algo contradictoria y confusa…, tanto o más que el misterio que aún queda por resolver acerca de nuestros verdaderos y primitivos orígenes.
En una carretera de la sierra de Madrid chocan un autobús y un camión cargado de propileno. La explosión no deja ningún superviviente, y la aseguradora Ajorca S.A. envía a su mejor técnico para dirimir responsabilidades. La elegida es Matilde Gil, recién divorciada y con dos hijos pequeños, a quien siempre secunda su eficaz, inestable y singular ayudante, Pajarito.
Para mayor complicación, en mitad de la tragedia aparecen unos restos orgánicos difíciles de identificar: el ADN no comparte el cien por cien de sus componentes con los de la especie humana. A partir de ahí, Matilde y Pajarito deberán enfrentarse a uno de los mayores misterios de la historia -envueltos en una disputa con siglos de antigüedad- mientras se dirigen, lentamente, hacia una revelación estremecedora.
Comienzo de esos que se llaman “pegamento”, un accidente espeluznante y la maquinaria se pone en marcha, todo muy real y cotidiano, ambulancias, bomberos, policías, investigadores, técnicos…, algo fácil de imaginar por la familiaridad que tenemos con imágenes que llegan a diario a través de los medios de comunicación. No hay supervivientes y los interrogantes se acumulan a la hora de dirimir responsabilidades y hacer frente a las indemnizaciones por parte de la aseguradora de los vehículos implicados. Hasta ahí muy normal, ahora bien desde que los restos de ADN no vinculados a ningún pasajero hacen su entrada en escena, es cuando verdaderamente me “emocioné” y las conjeturas que iba planteando me adelantaban a la propia investigación, deseosa de aportar datos acerca de dichos restos.
Tras ese despegue y una vez conocidos los protagonistas, el ritmo de la novela se mantiene en las cincuenta primeras páginas, para ir perdiéndose en un debate y exposición de teorías sobre los orígenes de la humanidad, que francamente entendí por ser profe de Historia, pero que sin duda hacen peligrar la lectura de la misma por el repertorio de explicaciones entre creacionistas y evolucionistas, que sin quererlo aparcan intermitentemente la esencia de thriller del argumento inicial.
Para resumir el autor madrileño ha mezclado el suspense y la investigación policiaca con datos científicos y planteamientos filosóficos, generando una trama no carente de intriga pero recreada en el gran misterio de la evolución de nuestra especie. A grandes rasgos es fácil de leer, el lenguaje está bien cuidado y los tecnicismos utilizados con mesura, no resulta difícil sacar conclusiones y aprender de lo ajeno al misterio que mueve el relato; pero me ha parecido que los personajes carecen de originalidad, demasiados estereotipos y situaciones forzadas que acaban provocando un final flojo y poco creíble.
Respecto a la ambientación hay que decir que comienza en Madrid, pero que al igual que nuestro recorrido evolutivo, Alfonso nos regala un viaje que nos lleva al otro extremo del mundo, en una búsqueda incansable de respuestas sobre el origen de unos tatuajes que portaba la “especie” desconocida y que acaba identificando como parte de una de las tribus más antiguas del planeta, los “Dayaks”, naturales de Borneo, los mismos que regalan a la novela una revelación sobrecogedora.
A pesar de no haber sido la lectura inolvidable, personalmente la he disfrutado porque el tema me apasiona y la documentación es impecable no dejando excesivamente aparcado el hilo argumental, que hilvana con acierto en este cóctel de temas que forman parte de nuestra esencia como especie.
Recomendada para los curiosos y los que quieran saber más de “nosotros mismos”.
“No mires atrás y te preguntes ¿Por qué?. Mira adelante y pregúntate ¿Por qué no?.

jueves, 15 de febrero de 2018

Un lugar a donde ir, María Oruña


Buscando un  descanso intencionado y dentro de un momento de crisis de esos de “no encuentro la lectura que necesito”, he optado por la siguiente novela de María Oruña, “Un lugar a donde ir”; sobra decir que no me ha decepcionado porque yo tenía claro lo que me iba a encontrar… y así ha sido. Es una continuación de “Puerto escondido”, de hecho aparecen los mismos personajes y la misma ambientación, una novela al más puro estilo de suspense, donde los cadáveres aparecen con una alegría digna de aplaudir. Es la novela que entretiene, engancha y sabes que la vas a terminar por muy floja y cansina que resulte.
Han transcurrido varios meses desde que Suances, un pequeño pueblo de la costa cántabra, fuese testigo de diversos asesinatos que sacudieron a sus habitantes. Sin embargo, cuando ya todo parecía haber vuelto a la normalidad, aparece el cadáver de una joven en La Mota de Trespalacios, que es el lugar donde se encuentran las ruinas de una inusual construcción medieval. Lo más sorprendente del asunto no es que la joven vaya ataviada como una exquisita princesa del medievo, sino el objeto que porta entre sus manos y el extraordinario resultado forense de su autopsia.
Cuando hasta los más escépticos empiezan a plantearse un imposible viaje en el tiempo, comienzan a sucederse más asesinatos en la zona, que parecen estar indisolublemente unidos a la muerte de la misteriosa dama medieval.
Mientras Valentina Redondo y su equipo investigan los hechos a contrarreloj, Oliver Gordon, ayudado por su viejo amigo de la infancia, el músico Michael Blake, buscará sin descanso el paradero de su hermano Guillermo, desaparecido desde hace ya dos años, descubrirán que la verdad se dibuja con contornos punzantes e inesperados.
Nuestra abogada y escritora gallega se ha atrevido con una nueva entrega de la teniente Valentina Redondo a la que parece todo se le pone de color de hormiga, tanto, que mejor no tenerla como amiga por aquello de verse siempre rodeada de muertos. Una trama principal alrededor de unas muertes inexplicables y unas subtramas de carácter personal y profesional que alargan un argumento de casi quinientas páginas que podía haberse acortada a la mitad.
Una historia con todos los ingredientes policiacos que la autora adorna con una perfecta ambientación y un exceso de documentación que nos priva de poder ir por delante de la investigación y descubrir a los culpables. No es bueno que se nos de todo hecho, que las explicaciones aparezcan sin justificación y que no haya lugar para reflexiones propias, sino las de la escritora y eso desmerece otros aspectos de la narración.
Bien estructurada, tres momentos temporales y tres voces para ejecutar la narración, prosa mejorable y diálogos demasiados largos y repetitivos. Dividida en quince capítulos en los que afortunadamente siempre ocurre algo y todo salvando las contrariedades de los cambios de ritmo de la historia. Tiene mucho de las novelas nórdicas y su manera de plantear los misterios, incluso el tratamiento de los personajes que aparecen cargados de datos personales innecesarios en la trama.
Casi al final saqué la conclusión de que el argumento era bastante rocambolesco para el escenario tan realista en los preciosos parajes de las cuevas cántabras, algo que me hizo pensar en las muchas coincidencias con “Los ritos del agua”, el éxito de este pasado verano.
A pesar de lo que pueda parecer la reseña, la recomiendo por entretenida, por  su estilo sencillo y fácil de seguir, porque engancha y resulta agradable, y porque al final esperas un desenlace que te sorprenda y compense de tantas explicaciones y aclaraciones innecesarias. Es bueno saber que cuando elegimos lo hacemos con criterio y a sabiendas del momento y de las expectativas, por eso sigo pensando que le puede gustar a muchos lectores, de manera que nadie prive a María Oruña de su segunda entrega de la investigadora Redondo. Espero que os guste.
“Si algo te lastima retíralo de tu vida, te dolerá un tiempo pero no toda la vida”.

domingo, 11 de febrero de 2018

El lector del tren de las 6.27, Jean Paul Didierlaurent


Una vez más, me he traído a casa un libro con una sinopsis tan curiosa y original como el argumento que cuenta. Buscaba algo breve y diferente y la verdad que lo he encontrado, y ahora tras haberlo leído oscilo entre la recomendación encarecida de su lectura, o la crítica más evidente ante lo que me parece un fenómeno editorial bien planificado que ha conseguido hacer de este “Lector de tren” un éxito incuestionable de ventas en Francia.
La gente corriente esconde un mundo extraordinario.
Guibrando Viñol no es ni guapo ni feo, ni gordo ni flaco. Su trabajo consiste en destruir lo que más ama: es el encargado de supervisar la Cosa, la abominable máquina que tritura los libros que ya nadie quiere leer. Al final de la jornada, Guibrando saca de la entrañas del monstruo las pocas páginas que han sobrevivido a la carnicería. Cada mañana, en el tren de las 6.27, se dedica a leerlas en voz alta para deleite de los pasajeros habituales. Un día descubre por casualidad una pieza de literatura atípica que le cambiará la vida. La amistad une a un grupo de personajes aparentemente anodinos, probables compañeros invisibles de nuestros viajes cotidianos en tren, que esconden mundos extraordinarios donde todo es posible: un vigilante de seguridad que habla en verso, una princesa cuyo palacio es un aseo público, un mutilado que busca sus piernas.
Las primeras páginas me costaron e incluso me resultaron lentas, presentía que no lo iba a terminar, pero a medida que avanzaba la lectura fui reconociendo en sus páginas un protagonista muy destacado, “La Soledad”, y atrapada por la forma en la que gestionaba nuestro viajero este sentimiento tan descarado e hiriente, tuve la oportunidad de meterme en una serie tramas protagonizadas por personajes curiosos y extraños, gracias a los cuales he disfrutado de todas y cada una de sus historias de vida, a cuál de ellas más dramáticas, esperpénticas y grotescas, pero de gran utilidad para el autor, quien las ha aprovechado para abordar grandes temas de actualidad generando un repertorio de sentimientos que “viaja” desde la repulsión y la sorpresa a la ternura y la aceptación incondicional.
Hace muchos años que leí un libro que me costó acabar y que casi que no entendí, “La elegancia del erizo”, siempre escuché duras críticas sobre esta novela; pues sin quererlo me ha recordado mucho a él, y por eso no puedo aventurar si es bueno o malo dicho recuerdo casual. Este primer éxito literario de Jean Paul Didielaurent ha sido considerado como un cuento o fábula del mundo moderno que roza lo surrealista en muchos de sus pasajes.
Sus doscientas páginas son un homenaje a los libros, me identifico con Guibrando y su pasión por la lectura, la forma en la que supera su descontento y frustraciones por un trabajo indeseable, el disfrute que le provoca compartir con seres anónimos los pasajes de aquellos libros indultados a la “Cosa” y el papel de la literatura como remedio al desconsuelo de una vida anodina y rutinaria.
Son un repertorio de relatos breves a los que se les ha ido dando cuerpo gracias a sus personajes de extraordinaria originalidad y al nexo común que comparten entorno a la literatura. Son seres que pasarían desapercibidos pero que dentro de la ambientación y sus experiencias de vida, acaban brillando con luz propia.
Voy a recomendarlo porque son más las impresiones buenas que malas, pero reconozco que es la típica lectura que no tiene término medio, o gusta para ser inolvidable, o mejor olvidarla nada más cerrar el libro. Como siempre animaros a darle una oportunidad, no se hace insufrible, está bien narrada, y a veces hay que apostar por lo “diferente”, y sin duda “El lector de las 6.27” lo es. Espero que os guste.
“No puedes empezar el siguiente capítulo si sigues leyendo continuamente el anterior”.

viernes, 9 de febrero de 2018

Tú, yo y la vida de los otros, Vicent Maston



Cuando leí el argumento de esta fábula urbana, supe que me iba a gustar porque en el fondo todos somos algo “bipolares”, sin dejar de ser “buena gente” que decimos coloquialmente, al menos yo, he sufrido momentos en los que he tenido la necesidad de tomarme la justicia por mi mano, vamos que por razones ajenas a mi buena voluntad, he sacado lo peor que irremediablemente llevamos dentro, rozando peligrosamente los límites entre el bien y el mal. Confieso que no he llegado nunca a “mayores”, pero que al igual que nuestro protagonista somos portadores de dos caras que pueden hacerse presente cuando menos te lo esperas.
“A veces querrías cambiar el mundo. A veces querrías gritar y en cambio callas. Sin embargo, hay momentos en los que la vida te ofrece pequeños instantes de justicia. Momentos en los que puedes decir no a los prepotentes o a los indiferentes y eres como un héroe invisible. Así es Germain. Vive entre dos mundos: en uno es un muchacho serio y trabajador, apasionado por la música, un poco introvertido por su tartamudeo y enamorado secretamente de Clotilde, su logopeda; en el otro, asume las dimensiones tentaculares del metro parisino y se transforma en un superhéroe tomándose pequeños gestos de justicia, jugando al azar entre los límites del bien y del mal y divirtiéndose adivinando la vida de los otros. Pero el encuentro con una joven justiciera que comparte su misma batalla cambia su vida y le empuja a modificar las reglas de su juego”.
Primera experiencia narrativa de Vicent Maston, de manera que su debut literario lo hace a través de las vivencias de Germain, quien en primera persona nos narra su día a día, sus visitas a su logopeda, sus complejos ante la evidente tartamudez, sus límites a la hora de relacionarse, su autoestima frágil y esa doble actitud de héroe anónimo, comportamiento que le facilita unas relaciones sociales que en su vida cotidiana no consigue.
Al principio el tono jocoso de la novela no hace adivinar la seriedad del relato a medida que este avanza. El humor y el sarcasmo, unido a las dosis de sensibilidad y buenas reflexiones, acaban provocando una empatía con este joven que sin imaginarlo, topa con su alma gemela para asumir que no está solo en su particular guerra de emociones.
Muy sencilla y fácil de leer, doscientas páginas con innumerables referencias musicales, con guiños de felicidad y drama para configurar un escenario de lo más cotidiano y real. Me ha gustado porque describe situaciones que nos rodean a diario y que pasan desapercibidas, muchas de las cuales no parecen afectarnos, precisamente por ser “la vida de los otros”, pero que en algún momento pasa a ser nuestra propia vida.
Os la recomiendo sin grandes pretensiones, una tarde, un buen sillón y un relato bien escrito.
“La soledad es el fondo último de la condición humana. El hombre es el único ser que se siente solo y busca la compañía del otro”.